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04
2012
El pasado mes de marzo llegó a Tokio una exposición dedicada a las muñecas kokeshi, que ya sabéis que colecciono y me encantan como pudisteis leer en el post correspondiente.
Actualmente (abril 2012) esta exposición puede verse en Aichi y Nagoya. Aquí tenéis el link.
En Tokio, la exposición se celebraba en el Museo Parco, un centro comercial en cuyo último piso hay un pequeño espacio dedicado a estos eventos. La entrada era gratuita. En esta exposición se pueden ver sólo kokeshi tradicionales de los 11 tipos que hay. En el interior de la exposición encontramos un mapa con el nombre de cada uno de los tipos y su región de procedencia. Además, cada una de ellas, tiene un expositor propio con explicaciones y varios ejemplos de muestra. Los 11 tipos de kokeshi (en la galería tenéis el mapa y las fotos son):
- Kiyijama, de la prefectura de Akita.
- Tsugaru, de la prefectura de Aomori
- Nanbu, de la prefectura de Iwate
- Yamagata, de la prefectura de Yamagata
- Hijiori, de la prefectura de Yamagata
- Zaotakayu, de la prefectura de Yamagata
- Yajiro, de la prefectura de Miyagi
- Togatta, de la prefectura de Miyagi
- Naruko, de la prefectura de Miyagi
- Sakunami, de la prefectura de Miyagi
- Tsuchiyu, de la prefectura de Fukushima
Las kokeshi siempre han sido populares en Japón pero ahora lo son mucho más puesto que se producen la región de Tohoku, la que se vio afectada por el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011, y se están convirtiendo en símbolo de la zona. De hecho, un empresario llamado Numata ha empezado a editar una revista llamada Kokeshi Jidai (‘El tiempo de las kokeshi’) con cuyos beneficios se está apoyando la reconstrucción de los pueblos devastados por el tsunami. Esta revista podía comprarse en la exposición. Además Numata es el responsable de la campaña Saving Japan Kokeshi Smile en la que se venden artículos relacionados con las kokeshi como camisetas o pay-pays y con las ganancias se ayuda a los niños de las zonas afectadas.
Muchas de las kokeshi expuestas pertenecen a un famoso coleccionista de estas muñecas llamado Minekichi Nishida aunque también hay otras de artesanos en activo. Además de los ejemplos de los tipos de kokeshi (con sus explicaciones), hay otras kokeshi más adornadas y creativas que también podéis ver en la galería. La exposición se completa con un vídeo en el que podemos ver a un artesano elaborando una kokeshi.
A la salida de la exposición hay una pequeña tienda donde podemos comprar algunas kokeshi así como diversos souvenirs relacionados. También tenían una parte reservada a la venta de kokeshi de segunda mano.
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El cartel de la exposición
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Lámpara de papel gigante en forma de kokeshi
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Otra lámpara de papel gigante en forma de kokeshi
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Grupo de kokeshi de diferentes tamaños y tipos
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Cartel antiguo con diferentes tipos de kokeshi
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Mapa con los 11 tipo de kokeshi tradicionales y su lugar de procedencia
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Kokeshi Tugaru, de Aomori
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Kokeshi Nanbu, de Iwate
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Kokeshi Yamagata
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Kokeshi Hijiori, de Yamagata
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Kokeshi Zaotakayu, de Yamagata
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Kokeshi Yajiro, de MIyagi
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Kokeshi Togatta, de Miyagi
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Kokeshi Naruko, de MIyagi
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Kokeshi Saskunami, de Miyagi
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Kokeshi Tsuchiyu, de Fukushima
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Otras kokeshi Tsuchiyu de Fukushima
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Kokeshi para la fiesta de hina matsuri (de la que ya he hablado en el blog)
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Kokeshi más creativas
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 2
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 3 (étnica)
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 4 (representa a un pescador)
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 6 (Halloween)
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 7
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 8
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 9 (hombre calvo)
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 10
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Kokeshi tradicional pero de tipo creativo 5 (mexicana)
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Panfleto de una exposición de kokeshi que se celebró en México
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Siento el retraso en la actualización pero he estado con el fin del trimestre del máster unido al traslado a Beppu (en la isla de Kyushu) donde voy a vivir unos 4 meses. Es una ciudad famosísima por los onsen (aguas termales) por lo que espero poder dedicaros más de un post a mis aventuras por aquí.
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Gracias por las diferentes aportaciones a Mi primera vez. ¡Ya os he contestado a tod@s!
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02
2012
Para todas las cosas que nos suceden o hacemos en esta vida, hay una primera vez. Y, aunque mi relación con Japón ya es larga, hubo un primer día, un primer contacto, una primera vez. Así que, qué mejor que esta segunda etapa de mi estancia en Japón, para recordar aquel primer encuentro que para mí fue, en cierto modo, como el primer beso de una relación casi perfecta.
Vine a Japón por primera vez en abril de 2006 de turismo con un grupo de amigos. Como suele ser ya habitual en mí, no logré dormir nada en todo el viaje así que llegué a Narita destrozada y muerta de sueño. Cogimos el tren aunque no recuerdo qué línea pero sé que no fue el Narita Express así que imagino que optaríamos por la Keisei ya que, además, sí que me acuerdo de que hicimos el transbordo en Nippori. En el tren, aunque trataba de ver el paisaje, me quedaba dormida constantemente pero recuerdo claramente súbitos despertares cada vez que nos cruzábamos con un convoy en sentido contrario puesto que llevaba apoyada la cabeza sobre el cristal y este se movía con fuerza a su paso. Esa es una de las primeras sensaciones que tengo de Tokio. Algo tan poco “romántico” como la fuerza de los trenes mucho más intensa que a la que estaba acostumbrada en Madrid. Puede parecer algo tonto y, sin embargo, el tren es parte esencial de la vida en Tokio así que me parece un bonito símbolo. Aún hoy, años después, siento que estoy en Tokio cuando viajo apiñada en uno de sus vagones o cuando, en medio de la ciudad, contemplo uno de los característicos puentes elevados con las vías férreas entre los edificios grises. De hecho, nuestro hotel estaba en Iidabashi (mi primera referencia urbana en Tokio) y al salir de la estación, nos encontramos con ese tipo de puentes: por un lado la línea del tren y por otro, varios pasos elevados de peatones que recorrí con ilusión (como una niña pequeña) sacando fotos desde arriba a la caótica distribución arquitectónica circundante. Todos los que conozcáis bien la ciudad, sabéis a qué me refiero.
La verdad es que no sé a qué hora llegamos a Iidabashi pero antes del check-in (que en Japón suele ser bastante tarde, como a las 15:00 aunque varía en cada sitio) por lo que sólo pudimos dejar las maletas pero no dormir y descansar un rato como todos Leer más…
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01
2012
Hola a tod@s:
Nuevo capítulo de Nipoenigmas en el blog, después de unos meses de sequía. En esta ocasión tratamos dos temas:
1) El mito del “kitsune”, un espíritu con forma de zorro. Analizamos sus características, poderes, transformación y leyendas asociadas. Además lo complementamos con el análisis del dios Inari al que se identifica con un zorro y, de hecho, muchas veces se le representa con esta forma. Por ello, visitamos un templo Inari en Tokio del que os presentamos fotos en la galería que se encuentra al final del post. En este santuario sintoísta encontramos todo tipo de figuras de zorro, hasta en los rincones más pequeños.
2) Análisis de la figura de Amaterasu, la Diosa del Sol, hija de Izanagi e Izanami que son los creadores del mundo. Además es hermana de Susanoo, que le causó más de un problema. En esta parte se leen fragmentos del Kojiki del que os pongo la referencia: Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón. Traducción de Carlos Rubio López de la Llave y Rumi Tami Moratalla. Primera versión en español desde el original japonés. Madrid, Trotta, Colección Pliegos de Oriente, 2008
Por tanto, a contunuación, podéis darle al “play” para escuchar el nuevo capítulo y debajo tenéis la galería de fotos del templo 水稲荷神社 (Mizuinari Jinja) dedicado al Dios Inari en la forma de un zorro.
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12
2011
Las kokeshi son unas muñecas tradicionales japonesas hechas en madera aunque hay algunas en otro material. Por ejemplo, precisamente la primera que yo me compré era de laca de Wajima (uno de los lugares más famosos de producción de laca en Japón).
La razón de hablar de estas muñecas, además de ser algo típico de Japón, es porque aunque yo no tengo gran afán coleccionista, estas muñecas me han cautivado y he logrado reunir dieciocho. El origen de las kokeshi se sitúa en la región de Tohoku (en el norte de Japón), tristemente famosa este año por el tsunami que tantas víctimas causó. Cuando hace tres años estuve allí reconozco que caí en la tentación y me compré bastantes, entre ellas una de las originales. Y ¿qué es esto de “las originales”? Pues aunque ahora hay muchísimos diseños, la forma primitiva es una esfera (cabeza) sobre un cilindro o tronco de madera (cuerpo) con diversos diseños. Sin embargo, actualmente, se distingue entre kokeshi tradicionales (伝統こけし lo que yo llamaba original) y kokeshi de carácter creativo (新型こけし) que no sólo se venden en Tohoku y que son más “turísticas” pero sin duda mucho más vistosas y llamativas. Estas kokeshi son las que todos conocemos y que han llegado a Occidente, de hecho cada vez son más populares en España. Todas las de mi colección excepto una, son de esta clase. Las tradicionales aunque tienen esa forma simple que os explicaba pueden tener diferentes diseños y según eso se distinguen diez tipos de muñecas. En la galería de fotos, he incluido dos extraídas de la Wikipedia japonesa para que podáis verlas.
Las kokeshi son de la época Edo (1603-1868) y comenzaron a fabricarlas los artesanos que trabajaban en la zona (muy abundante en bosques) como souvenirs o juguetes para los visitantes que se acercaban a la región. Sin embargo, por su forma simple y fácil de agarrar con la mano, eran especialmente populares entre los niños y así se mantuvo hasta la época Taisho (1912-1926), momento en que empezó a decaer como juguete. Sin embargo, a partir de este momento comenzó a ser importante como objeto de adorno y de colección (como es mi caso). Por ello, actualmente hay fabricantes de kokeshi no sólo en Tohoku sino también en Osaka, Tokio o Nagoya.
En Tohoku, en la región de Miyagi existe un Museo de kokeshi que no me dio tiempo a visitar cuando estuve en la zona pero que me encantará incluir en algún próximo viaje (además dejar dinero en la zona de Tohoku será de gran ayuda). Por otra parte, cada año, del 3 al 5 de mayo se lleva a cabo en esta misma prefectura un concurso de kokeshi y el primer fin de semana de septiembre se realiza un festival de kokeshi con muestras de obras de todo el país.
En la galería de fotos que os inserto está mi colección completa de kokeshi, con fotos detalladas (y comentadas) de cada una de ellas. También podéis ver las diez kokeshi tradicionales. Recordad que para ver las fotos completas (y más grandes) deberéis pinchar en cada una. Espero que os gusten tanto como a mí. Y así veis que aunque sea una nipoadicta atípica a quien no le gusta el manga, el anime o el cosplay, me encantan tradiciones japonesas como éstas.
Esta vez más que nunca ¡espero vuestros comentarios!
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Mi colección completa de kokeshi
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Kokeshi de kimono verde
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Kokeshi con espigas talladas comprada en Hakone
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Kokeshi de kimono blanco y violeta con flores
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Kokeshi en tonos blancos con un haori (hecho de cartón) encima del kimono rojo
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Kokeshi “kawaii” de kimono azul marino con flores blancas y lazo rojo en la cabeza
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Kokeshi que representa a un joven samurái (no muy “normativo” al no ser una figura femenina) con ropa tradicional y katana
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Kokeshi con kimono azul, obi rojo y sombrilla
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Kokeshi de kimono naranja
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Kokeshi naranja con obi negro con momiji. Comprada en Miyajima
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Mi kokeshi tradicional
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Kokeshi tímida con kimono rosa. Diseño creativo
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Kokeshi con kimono blanco con flores de cerezo
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Kokeshi con kimono azul de diseño de grulla de papel (origami)
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Kokeshi sencilla con kimono negro y flores fucsia
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Kokeshi de un samurái con toda su armadura
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Kokeshi de laca de kimono negro con flores de cerezo (el tesoro de mi colección)
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Kokeshi simple de kimono de flores
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Kokesh regordeta de kimono blanco con decoración de momiji
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5 de las 10 kokeshi tradicionales (foto de Wikipedia Japón)
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Las otras 5 de las 10 kokeshi tradicionales (foto de Wikipedia Japón)
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Un artesano fabricando una kokeshi (foto de Wikipedia Japón)
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11
2011
A finales de mayo del año pasado (2010) hice una pequeña escapada a Hida Takayama y Shirakawa. De este último ya hablé en un post ya que es un sitio que me encantó y al que me gustaría volver en invierno. Sin embargo, el viaje fue más completo y también pase una noche más un día y medio en Hida Takayama, famoso, entre otras cosas, por la excelencia de su carne. En esta localidad visité bastantes lugares: templos, unas casas antiguas, mercados tradicionales, un parque al estilo de Shirakawa, pero uno de los sitios a los que fui es muy poco conocido y, de hecho, no me encontré con ningún turista y el acceso no era tan fácil. Entonces ¿por qué lo visité? Creo que muchos de vosotros ya sabéis lo que me gusta el té y lo que disfruto con él, no sólo con la bebida en sí sino con toda la estética que rodea la ceremonia del té. Por eso, cuando me enteré que en la ciudad de Takayama había un museo dedicado a la ceremonia del té, planifiqué el día para poder conocerlo.
Desde la ciudad de Hida Takayama hay un autobús que recorre los principales puntos turísticos en dos direcciones. Primero cogí uno para ver el parque de casas antiguas llamado Hida no Sato, que realmente si vais a ver Shirakawa no merece la pena. Controlando los tiempo, porque la frecuencia de autobuses no era mucha, volví al autobús para acercarme hasta este Museo cuyo nombre es Cha no yu no mori (que podríamos traducir como ‘El bosque de la ceremonia del té’). El autobús iba casi vacío y fui la única persona que se bajó en la parada del museo. De hecho, al llegar allí, lo vi tan vacío que pensé que estaba cerrado pero lo que pasaba es que yo era la única visitante del lugar y no me encontré con ningún otro turista en todo el tiempo que estuve allí.
Una de las primeras cosas que me sorprendió fue el precio, la verdad es que no era nada económico. La entrada al Museo cuesta 1000 yenes y si además se quiere disfrutar de degustación de matcha acompañado de un dulce japonés (sin llegar a ser ceremonia del té) la cosa se pone en 1800 yenes. Sin embargo, a mí me mereció la pena y tengo que confesar que me encantó. De todos modos, si no os interesa la ceremonia del té, entiendo que es una visita claramente prescindible.
El Museo consta de dos edificios, uno más moderno que otro pero ambos respetan, más o menos, la arquitectura tradicional japonesa. Entre ellos, un jardín de marcado estilo nipón con su jardín zen, lámparas de piedra, pinos recortados, etc. Uno de los edificios está destinado a ceremonias del té, hay desde pequeñas habitaciones hasta salones mucho más grandes para reuniones de más dimensiones. El otro edificio es la sala de exposiciones. Tiene dos pisos en los cuales se exhiben no sólo tazones de té sino todo tipo de instrumentos para la ceremonia del té así como complementos y hasta pinturas y biombos. Tengo que confesar que me fascinó, algunos de los tazones me parecieron preciosos y no me cansaba de verlos. Son verdaderas obras de arte y como tales son considerados en Japón. Hay verdaderos maestros en el arte de fabricar estas piezas que son reconocidos en Japón como “tesoro nacional”.
Con la entrada que adquirí, como os decía, se tiene derecho a un matcha con dulce y a la visita del Museo. En primer lugar, me condujeron a una de las salas de té y me dijeron que me ponía un tazón especial un poco más femenino, je, je. Y lo completaron con un dulce que estaba realmente muy bueno. Después, antes de entrar en el edificio principal, paseé un rato por los jardines. El problema del museo es que estaba prohibido hacer fotos, pero ya que había llegado hasta allí y me había gastado una pasta, decidí hacer algunas a escondidas. Como estaba sola, fue bastante fácil aunque un poco de culpabilidad mezclada con nerviosismo me asaltaron.
Os dejo la página Web del museo por si alguien se anima y una galería de fotos que incluye las “fotos prohibidas” (ya sabes que si pincháis en las fotos, podéis verlas en grande).
Muchas gracias a todos y espero vuestros comentarios
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Entrada al recinto
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Edificio para salones de té
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Lateral del salón de té
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Jardines
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Ventanales de uno de los salones de té
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Jardines 2
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Vista desde el interior del salón de té
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Matcha servido
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Dulce japonés
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Cuenco negro de té de finales del XIX y principios del XX
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Cuenco negro de té de la época Edo
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Cuenco de té negro con adornos rojos
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Cuenco de té de 1955 de Toyozo Arakawa (Tesoro Nacional viviente)
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Recipiente para servir el agua del té
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Caja para guardar el té de Hitoshi Oda (1996)
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Recipiente para el agua de té decorado en laca con colores
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Cajas tejidas para guardar el té del siglo XVII
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Conjunto para la ceremonia del té
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Diferentes recipientes para la ceremonia del té (1999)
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Caja para poner dulces, lacada con decoraciones de las 4 estaciones
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Otro conjunto para la ceremonia del té
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Caja con palillos para recoger o servir los dulces
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Cucharillas para servir el matcha en polvo,dedicadas a las 4 estaciones. S XX
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Cucharillas para servir el matcha en polvo,dedicadas a las 4 estaciones. S XIX
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Bandejas al estilo de abanicos (1953)
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Bandejas de oro para dulces
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Parte de abajo de una bandeja para dulces y caja para el incienso de laca con una garza
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Cajas para presentar alimentos durante la ceremonia del té
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Florero para la ceremonia del té
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Caldero para el agua
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Biombo para la habitación de té
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Conjunto completo de ceremonia del té


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10
2011
Hola a tod@s:
Después de volver de Japón a España, pasar unos meses en Grecia, regresar de nuevo todo este verano a Japón y situarme de nuevo (temporalmente esperamos) en España, en esta entrada viajo en el tiempo un año atrás (poco antes de dejar Nipolandia), pues en octubre de 2010 estuve una vez más por Kansai visitando Ohara, Uji y Nara. De Ohara ya os hablé unos meses después de ir, y a Uji y Nara ya había ido con mis padres un par de años antes. Sin embargo, en esta ocasión, visité un templo sintoísta que la otra vez no había visto. Se trata del santuario de Kasuga, situado al suroeste del Todaiji, ya sabéis el templo más famoso de Nara con su enorme Buda gigante en el interior. Por un agradable paseo muy verde y lleno de linternas de piedra, podemos llegar al santuario en unos 15 minutos.
El santuario de Kasuga es uno de los tres más famosos de la religión (si es que se puede llamar así) sintoísta junto al de Ise (que visité en 2007) y el de Iwashimizu-Hachimangu De hecho, no lleva el título de 神社 (jinja) que es el que llevan normalmente los templos sintoístas sino el de 大社 (taisha, que sería algo así como ‘gran templo’). Está situado en una colina que lleva el mismo nombre. Las visitas en otoño son las más recomendables pues toda la pequeña loma se tiñe de rojo gracias al momiji (arce japonés).
Data del año 768 y fue mandado construir por el príncipe Shotoku, una de las figuras más importantes de la historia japonesa. Es un encantador templo de color rojo-anaranjado típico del shinto cuyo principal atractivo son las 2000 linternas de piedra (tanto dentro como alrededor del mismo) y las 1000 linternas-lámparas colgantes que lo adornan y que atraen a miles de visitantes en el festival Man-Toro que se celebra en invierno (3 y 4 de febrero) y verano (15 de agosto). Obviamente, en la fecha que fuimos no pudimos ver las luces encendidas pero el santuario sigue teniendo una belleza encantadora con esas lámparas de piedra, metal u oro (o al menos algún material dorado similar) en hileras eternas que parecen no tener fin. Además, su belleza contrasta con el rojo de las paredes del templo y el verde de todo alrededor. Conviene detenerse un poco para contemplar bien las lámparas pues tienen diferentes tipos de dibujos labrados y algunos son verdaderas filigranas.
Por cierto, sólo se pueden ver algunas de las linternas encendidas en una parte interior el templo. De hecho, una de las cosas que me sorprendió de este templo, es que, a diferencia de oros sintoístas, había pabellones que se podían visitar por dentro. En uno de ellos estaba la zona de rezo con varios objetos sagrados como un tambor y una katana (espada japonesa).
Si visitáis Nara y le dedicáis un día completo, creo que este templo merece la pena incluirse en la visita. Los otros dos imprescindibles de esta región cercana a Kioto son el Todaiji con su Buda gigante (accesible desde la estación de Nara en autobús) y Horyu-ji (a unos 12 minutos en tren desde la estación de Nara), el templo en madera más antiguo no solo de Japón sino del mundo, quizás no tan espectacular como otros más coloridos, pero toda una muestra viviente de la historia nipona.
Bueno, para que tengáis una muestra de este templo de lámparas, aquí os dejo una galería de fotos que hice del lugar. Podéis pinchar en cada una para verla en grande.
Gracias por vuestras visitas, espero vuestros comentarios y si os gusta el blog, podéis votarme en el Concurso de Bitácoras.
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08
2011

Hace poco más de un mes estuve en Matsumoto, una ciudad de la prefectura de Nagano cuyo máximo atractivo es el castillo que podéis ver sobre estas líneas. Pero, además del castillo (situado en el centro de la ciudad) el enclave de esta localidad junto a los Alpes japoneses, la convierte en un paraje excepcional para la práctica del senderismo por sus bellos paisajes naturales. Aunque, en esta ocasión no tuve tiempo de poder ver toda la parte natural, como la ciudad está rodeada de montañas, desde el castillo hay impresionantes vistas que dan idea de la belleza de sus alrededores. Otro de los reclamos del lugar son los temari, las pelotas de vistosos colores hechas de algodón y similares a ovillos de lana de las que ya os hablé en el blog en este post. La región también es conocida por ser uno de los principales productores de wasabi de Japón (el condimento japonés extremadamente picante que se toma con el sushi y el sashimi) ya que se necesita un clima fresco y aguas extremadamente limpias y frías, condiciones que cumple esta región al noroeste de Tokio. Por ello, visitamos además del castillo una granja de wasabi, la más grande del mundo y de la que os hablaré al final del post.
Leer más…
26
07
2011
Hola a tod@s:
Tokio no deja de ser una gran metrópolis y, precisamente, no de las más bonitas del mundo (aunque a mí me encante) y hay quien incluso la califica de “fea”, “gris” o “monótona” dado el caos de su urbanismo, la similitud de todos sus edificios, la presencia de postes y tendido eléctrico por cualquier sitio, etc. Sin embargo, Tokio tiene algo que objetivamente es muy bello, se trata de sus parques, más grandes o más pequeños pero que se abren como pulmones verdes llenos de encanto en el centro de la ciudad. Haya el caos que haya en la ruidosa Tokio, los parques son un remanso de paz donde parece que el ruido y agitación no llegan y el tiempo se detiene. Muchos son de estilo clásico japonés por lo que, al adentrarnos en ellos, parece que estamos viajando en el tiempo y casi podemos visualizar a las damas y caballeros de la época Heian paseando por sus caminos ataviados con ricos y vistosos kimonos de seda. Además, los japoneses se vuelcan en sus parques que suelen estar especialmente concurridos los fines de semana y las épocas en las que floreces determinado árbol o sale alguna flor: cerezos, hortensias, glicinas, azaleas, iris, etc. Es por ello que he visitado numerosos parques en Tokio (y alrededores) como podéis comprobar en mi blog y, desde hace algún tiempo, tenía ganas de acudir a uno llamado Kiyosumi de estilo netamente japonés.
Éste es uno de los parques que pertenecen al gobierno metropolitano de Tokio por lo que tenéis información en su página web. Para llegar tenéis que bajaros en la estación Kiyosumi-Shirakawa de la línea de metro Hanzomon y, desde allí, son 3 minutos andando.
Los terrenos de lo que es el jardín actual pertenecían a un próspero comerciante llamado Kinokuniya Bunzaemon y, posteriormente, pasaron a manos del señor feudal de Sekiyado (actual Chiba) que fue el que le dio al jardín su forma primitiva. En 1878 Iwasaki Yataro, el fundador de Mitsubishi, decidió adquirir el jardín para que sus empleados e invitados importantes disfrutaran allí del tiempo libre y, terminó de construirlo en 1880. En esta época los jardines tenían el nombre de Fukugawa Shinbokuen. El estanque (alrededor del cual ahora pivota el jardín) fue construido unos años después con agua procedente del río Sumida, uno de los más famosos de Tokio. Para complementar el jardín se hicieron colinas y se trajeron enormes rocas (que veréis en algunas de las fotos) que se grabaron con poemas e inscripciones. Poco tiempo después, el señor Iwasaki se construyó también una residencia de ladrillos rojo a juego con la moda occidentalizada de la época, diseñada por el arquitecto inglés Josiah Condor. Sin embargo, el edificio y parte de los terrenos ajardinados circundantes se quemaron en el gran terremoto de Kanto de 1923. En ese momento, Iwasaki decidió donar lo que quedaba a la municipalidad de Tokio que, tras una restauración, lo abrió al público oficialmente en 1932.
El parque en sí no es muy grande y, como comento más arriba, está estructurado en torno al estanque en el que se reflejan los pájaros (muy variados aquí), árboles y el pabellón de té (llamado ‘ryotei’ y construido en 1909 para disfrute de los invitados de Iwasaki, en especial, de nobles militares británicos). Alrededor del estanque (cuyo nombre, por cierto es Sensui) hay bancos de piedra y formaciones típicas de los jardines japoneses: arbustos recortados, pinos bien arreglados, macizos de flores, etc. A lo largo de los caminos que lo circundan podemos ver también lámparas de piedra así como las piedras de las que ya os he hablado, una de ellas, por ejemplo contiene el famoso haiku de Basho 古や蛙飛び込む水の音 (“Furu ike ya / kawazu tobikomu / mizu no oto” ‘Un viejo estanque / una rana saltando / el agua suena’). El ambiente del parque es realmente agradable y estuvimos leyendo al lado del estanque en completa paz, sólo alterada por algún animal de su variada fauna. Y es que, en este parque, no sólo encontramos las consabidas carpas que hay en todos (especialmente voraces y coloridas aquí) sino que hay gran profusión de insectos, aves y tortugas, una de las cuales quiso atacarme mientras leía un libro apoyada en una roca junto al agua. En esta variedad podemos destacar también garzas (lo que daba un ambiente aún más japonés a la escena) y una libélula de un original color rojo. De todo ello hay muestra en las fotos de la galería que acompañan a este post.
Un poco alejada de la zona central hay un área más abierta que se puede usar como merendero. Tiene una pradera amplia de flores y alrededor un pequeño riachuelo completamente cubierto de musgo verde, tanto que casi parecía que en lugar de agua, fuera tierra estancada sobre la que la naturaleza se había abierto paso. Para cerciorarnos lanzamos una piedra que rompió la quietud del río y que podéis ver en las fotos.
Sobre flores, en esta ocasión no hay mucho que comentar porque no estamos en temporada y sólo había algunas hortensias (cuyo florecimiento ya está acabando) y unas flores de color naranja de las que no puedo daros el nombre.
A continuación tenéis la galería de fotos del parque comentada. Como siempre, sabéis que podéis ver cada una de las fotos a tamaño más grande si pincháis sobre ellas.
Muchas gracias por vuestras lecturas y espero vuestros comentarios.
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La entrada al jardín
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Caminos del parque
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Vistas del parque
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El estanque
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El parque otoñal (pero no lo era)
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Lámpara de piedra
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Panorámica del estanque
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Otra vista del estanque
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Vista del estanque por un lateral
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Estanque y pabellón de té
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Caseta de recreo y estanque
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Pabellón de té
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Puente
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Barca en un lado del estanque
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Piedra con el famoso haiku de Basho
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Otra piedra
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Zona de merendero
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Pradera en la zona de merendero
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Riachuelo en esta zona de merienda
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Riachuelo y puente en esta zona
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Vista del riachuelo
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Impacto de piedra sobre el riachuelo
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Impacto de piedra sobre el riachuelo 2
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Hortensias azules
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Flores naranjas
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Grulla en un árbol
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Primer plano de la grulla
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Grulla a lo lejos
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Grulla erguida
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Carpas a punto de devorar algo
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Beso de carpas
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Carpas naranjas y doradas
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Tortugas
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Tortuga en primer plano
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Libélula
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Templito esculpido en un lugar escondido del parque
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06
2011
Hola a todos:
Hoy os voy a hablar de una ciudad a la que he ido muchas veces pero a la que, hasta ahora, no le había dedicado ningún post, aunque supongo que muchos de vosotros la conoceréis. Se trata de la moderna y marina localidad de Yokohama, a la que le podéis dedicar un día yendo desde Tokio. A lo largo de este blog, siempre os he propuesto excursiones de un día que podéis hacer si tenéis vuestra base de operaciones en Tokio como Kamakura (mi favorita), Kawagoe, el monte Takao, Oyama o Enoshima. Ésta es una más.
Yokohama es la capital de Kanagawa (donde he estado viviendo casi 5 años), una de las prefecturas limítrofes a Tokio, que junto a Chiba y Saitama forma lo que se conoce como el gran Tokio (la zona urbana con mayor población del mundo). Es una ciudad de gran importancia histórica pues, aunque en el pasado era sólo un pequeño pueblo pesquero que contaba tan sólo con 100 habitantes, se convirtió en la entrada de numerosos extranjeros después del aislamiento de Japón (el famoso sakoku) y, de hecho, el comodoro Perry (uno de los instigadores de la apertura de Japón) desembarcó aquí. En la actualidad, Yokohama es una ciudad de aspecto occidental, con muchísimos rascacielos y totalmente abierta al mar. Su atractivo se completa con su impresionante barrio chino, donde se concentra la mayor población china de todo el país nipón.
Para llegar a Yokohama desde el centro (os pongo, Shibuya que es lo más directo) lo mejor es bajarse en Minatomirai (línea Toyoko hasta Yokohama y allí cambiar a la línea Minatomirai) ya que desde allí podéis empezar el recorrido por la ciudad. La zona de Minato Mirai es un área de rascacielos (incluye el más alto de Japón, por el momento, el Landamark Tower), parques junto al mar, canales que entran del mar y mini parques de atracciones con uno de los símbolos de Yokohama, su gran noria con su enorme reloj digital en el centro.

Anteayer estuve, precisamente, en Yokohama y, como ya tenía la idea de este post, tomé fotografías. Sin embargo, el tiempo no acompañaba (nos llovió bastante) por lo que salieron muy grises y con poca luz, como la de arriba tomada desde más lejos ya que yo me bajé en la propia estación de Yokohama. En cualquier caso, os servirán de guía. La visita puede empezar por el parque Rinko.
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30
04
2011
Hace exactamente un año (como pasa el tiempo) visité uno de los templos más famosos de Tokio, el templo Nezu con mi amiga Meo. Como el objetivo era ver las azaleas que florecen esa período y ya que no tuve tiempo de actualizar aquel año, creo que está bien publicarlo ahora para que, si alguien tiene la oportunidad, pueda visitarlo.
La mejor manera de acceder a Nezu es ir hasta la estación de Nippori, una de la estaciones de la línea Yamanote de la JR por lo que, si estáis como turistas, podéis usar el Japan Rail Pass para acceder al templo.
En general, toda la zona que rodea el templo es muy interesante y merece al menos un paseo. Se trata de uno de los barrios más antiguos de Japón y, sin embargo, menos turístico que Asakusa. Un paseo por las callejuelas de Yanaka, Nezu y Sendagi (los tres barrios que lo circundan) os dará una idea muy exacta de que cómo podía ser la vida en Edo (nombre antiguo de Tokio) de hace algunos siglos. Todavía se conservan algunas tiendas tradicionales así como pequeños templos además del más grande de Nezu. También se sitúa aquí uno de los cementerios más famosos de Tokio, el de Yanaka, del que hablaré al final de este post.
Pero volvamos al tema de este post que es el templo Nezu en estos meses de abril y mayo donde se concentra el mayor número de azaleas de todo Tokio, lo que provoca que hordas de japoneses lo visiten en estas fechas. El templo data del año 1705 y es de tipo sintoísta por lo que la entrada nos recibe con el típico torii. Pocos metros después, está el edificio principal de corte también, claramente sintoísta.

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