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Lost In Tokyo

11  09 2006

Aprendiendo a cocinar, paraguas con personalidad y wabi-sabi

Bueno, lo primero, disculparme por la tardanza en la actualización pero ha venido mi amiga Noe de Madrid (recordad, visitad su blog que es muy muy bueno, en especial el último artículo sobre el bikini) y hemos estado de turismo y haciendo compras varias.

Y, fruto de estas nuevas incursiones en el mundo nipón, en este post os presento hoy tres perlas que hemos descubierto.

1) Ayer lunes estuvimos de compras y visitamos un centro comercial llamado Lumine. Este lugar tiene el aspecto de un Corte Inglés (es decir, es tipo grandes almacenes de ropa) pero, en su interior cada parte pertenece a tiendas y marcas distintas, aunque ocupan un mismo espacio sin separaciones de puertas, muros o paredes. En una de las plantas del Lumine nos topamos con una especie de escuela de cocina. Se trataba de un lugar en el que, aparentemente (pues no lo llegamos a descubrir), se podía comer pero, al mismo tiempo, las clientes (pues se trataba en su totalidad de mujeres) se ponían un delantal verde y parecían participar en el proceso de elaboración de los alimentos. Lo curioso de este lugar (pues, tal vez, también exista algo similar en España) es la ubicación (en un centro comercial, junto a una zona de ropa, complementos o papelería) y el moderno y vanguardista diseño.

2) En una bulliciosa y concurrida callejuela de Machida (en Kanagawa) encontramos esta curiosa tienda dedicada en exclusiva a la venta de todo tipo de paraguas pero, en especial, de aquellos llenos de colorido. Creo que en Madrid hay algún establecimiento del mismo tipo pero se trata de locales más antiguo y con un diseño mucho menos moderno (y yo diría que, hasta anticuado). Aquí, podemos complementar nuestro vestuario con cualquiera de los paraguas o comprarnos uno para cada conjunto de ropa (ya os hablaré otro día de la moda japonesa, donde la palabra discreción es un término que no aparece en su diccionario)

3) Y, por último, no podía olvidarme de uno de mis “momentos té” aunque, en esta ocasión, en compañía. Estuvimos en una tetería encantadora, especializada en té verde y mate; cierto es que nos gastamos bastante más dinero que en la comida, pero ¿acaso el buen gusto, refinamiento y delicadeza tienen precio? Pues, a veces, no. El salón era bastante pequeñito y contaba tan sólo con unas cuentas mesas y una barra junto a la ventana. Tanto en las mesas como en la barra, había un espacio con planchas calientes para colocar la tetera y mantener caliente su contenido. Sin embargo, también existía la posibilidad de pedir estos manjares líquidos en su variedad fría o helada:

Antes de pedir, la camarera nos trajo un aperitivo. Se trataba de un pequeño cuenco de pipas de calabaza. La joven nos dio, además, un pequeño utensilio especial para abrir estos frutos secos y nos hizo una pequeña demostración de su uso:

Noe se pidió un mate, pues el té no le agrada demasiado (así que ya sabéis por quién fuimos allí, je, je), y le sirvieron esta preciosidad:

El mate, como podéis ver en la foto, lo trajeron acompañado de un pequeño recipiente con miel y unos dulces argentinos: una pasta, un pequeño fruto seco y una cracker untada con dulce de leche.

Yo me pedí un té verde japonés helado con menta y me lo acompañaron de un pastel de gelatina de té verde (un típico dulce japonés):

Para mí esto es la auténtica representación del wabi-sabi (y si no sabéis lo que es, ¡investigad!, si es que os interesa claro, je, je).


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