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Lost In Tokyo

08 2006

Caluroso domingo

El domingo, con un calor horroroso me dispuse a conocer un poco más algunas zonas cercanas a mi casa, es decir, accesibles desde mi línea de tren (Odakyu). Así, me fui en primer lugar a Seijogakuenmae, una zona de Tokyo bastante cara o pija. No es un área especialmente interesante pero es curioso ver las casas tan casas y lujosas que allí se construyen. Es particularmente llamativo debido al problema del suelo que hay en Tokyo. Aquí, la mayor parte de las casas son muy pequeñas. Suelen ser casitas minúsculas de uno o dos pisos y de apariencia pobre. Sin embargo, en Seijogakuenmae podemos encontrar verdaderas mansiones como esta:


Como esta zona apenas ofrecía ningún atractivo (realmente era como un paseo por La Moraleja) me dirigí hacia la zona de Shimokitazawa de la que me habían dicho que era bastante alternativa y animada. Y, en cinco minutos en tren con el expreso en la línea Odakyu, me planté en esta bulliciosa área. Este lugar es un verdadero paraíso de las compras, pues es como una especie de mercadillo (y no aparece en ninguna guía turística). Todo está lleno de tiendas, muchas de ellas de ropa vintage y de segunda mano pero perfectamente cuidadas. Hay una gran cantidad de tiendas de ropa de diferentes estilos, de objetos para la casa, de zapatos, de bolsos, etc. En una de ellas he visto unas divertidas botas con carita [foto a la derecha]. Se puede pasear por sus calles rodeados de jovencitos de distintas tribus urbanas y músicos ambulantes. En definitiva, es una zona moderna, alternativa y juvenil. Además, tengo la suerte de que es la época final de rebajas y se pueden encontrar verdaderas gangas. Hay descuentos de hasta el 80% en muchas cosas. Os pongo algunas imágenes de las calles de Shimokitazawa así como de sus tiendas:

Después de varios paseos por estas calles y reprimiendo mis ganas de comprarme millones de cosas, bajo un sol abrasador y una humedad insoportable, llegó la hora de comer y fui al Makudonaldo (como llaman por aquí al McDonalds, je, je). Me senté cerca de la ventana y me llamó la atención una escena que ocurría en la calle. Resulta que una japonesa y su hijo abordaban a los extranjeros que veían, parecía que les hacían unas preguntas y, por último, se tomaban una foto con ellos. Aquí tenéis una foto hecha desde McDonalds (por eso se ve con rayas pues la ventana tenía ese dibujo) donde podemos ver a la mujer y al niño, con uno de los extranjeros:

Muchos ya sabéis lo curiosa que soy (que no cotilla, je, je) por lo que cuando vi que estos peculiares entrevistadores estaban libres, bajé corriendo a ver si también me paraban a mí, pues me apetecía mucho saber qué es lo que preguntaban o qué es lo que buscaban. Y, efectivamente, me pararon. El niño se acercaba y, en inglés. preguntaba si tenía un minuto para responder a unas preguntas (y todas en inglés por supuesto, aunque a veces su pronunciación era un poco extraña, por lo que también las llevaba escritas y se podían leer). Estas preguntas fueron:
– ¿Cuánto tiempo llevas en Japón?
– ¿Por qué has venido a Japón?
– ¿Qué es lo que más te gusta de Japón?
– ¿Qué es lo que menos te gusta?
– ¿Cuál es tu comida japonesa favorita?
– ¿Y la que menos te gusta?
– ¿Y cuál es la comida japonesa más extraña que has probado?
– ¿Cuál es la zona de Tokyo que más te gusta?

Luego me pidieron hacerme una foto con el niño. Yo les pregunté que para qué eran aquellas preguntas y esa foto y resulta que es un trabajo del niño para el colegio. Al final, me dieron un regalito aunque era una chorradita, una especie de mini-pegatina corporal. Lo malo es que fui muy tonta y no se me ocurrió pedirles hacerme yo una foto con mi móvil con ellos, para poder enseñárosla. Me di cuenta nada más marcharme y ya me dio vergüenza volver: una que es así de tonta.

Después de comer, seguí caminando y mirando tiendecitas y en una fui demasiado débil, pequé y me compré algo, joooo, mi consumismo salió a la luz. Se trataba de una tienda de la ciencia que vendía cosas realmente curiosas. Me compré un llavero que es un microscopio y se ve realmente bien si se acerca a la piel, una herida, etc.; es muy interesante. Aquí podéis ver una foto de mi llaverito científico:

Como hacía mucho calor y yo tenía bastante sed, decidí entrar en un café a tomarme un té. Elegí un matcha (té verde japonés) con helado: una gran copa realmente deliciosa:

Lo malo de este café es que hacía muchísimo frío pues tenían el aire acondicionado realmente fuerte, de tal modo, que me acabé el matcha rápidamente para volver a sentir el calor sobre mi cuerpo. El problema es que, fuera hacían tantísimo calor, que a los cinco minutos, de nuevo, deseaba volver a entrar en algún sitio refrigerado. Realmente, en este país en verano o te asas (pues el calor puede llegar a ser realmente asfixiante) o te congelas (algunos lugares cerrados son auténticas neveras, sin exagerar lo más mínimo).

Desde aquí, es decir, desde la alegre y juvenil Shimokitazawa, me dirigí hacia Machida, una zona ya fuera de Tokyo (está en Kanagawa) donde fui a Daisho, una tienda de todo a cien yenes realmente increíble pues tiene cinco pisos y cada uno de ello es realmente gigantesco. Son cinco pisos repletos de todo tipo de objetos y la mayoría de ellos a tan sólo 100 yenes: vajilla, plantas, productos de limpieza, cosas de bricolaje, papelería, objetos de la casa, cosméticos, bolsas y papeles de regalo e incluso alimentos.

Después de este agotador día me merecía una buena cena, pues ya eran casi las nueve de la noche. En esta ocasión, opté por ir a un restaurante de tonkatsu, se trata de carne empanada acompañada de col. Estos restaurantes son de tipo rápido. El mecanismo es el siguiente: en la entrada hay una máquina en la que se paga lo que se va a comer y, a cambio, se recibe un tique. Con ese tique podemos sentarnos y dárselo al encargado quien, a los pocos minutos, nos trae la comida a nuestra mesa. Es importante resaltar que, en todos los restaurantes o cafés, SIEMPRE ponen un vaso de agua nada más sentarnos. Si queréis ver lo que comí, aquí os pongo una foto:

Hasta aquí el relato de mi completo domingo pero, antes de despedirme, quiero contaros un poco algo que he hecho hoy. Hoy, por fin, me he comprado el (o la ¿?) yukata pero de eso espero hablaros más extensamente en otro post. Como me faltaba adquirir las geta (las típicas sandalias japonesas que se llevan con el yukata o el kimono) he decidido irme, de nuevo, a Shimokitazawa porque allí hay muchas tiendas y recordaba que, en algunas de ellas, había visto este tipo de calzado (y además estamos en rebajas y ¡se consiguen auténticos chollos!). Cuando he llegado a Shimokitazawa era ya la hora de merendar por lo que he decidido entrar en un café llamado “Cafe bird” para tomarme, como no, un té. He de confesaros que estos momentos-té se han convertido en uno de los momentos más felices del día. Sentada en un café o en una tetería, delante de un vaso o copa de té, mientras leo mi guía japonesa, estudio japonés o anoto mis vivencias del día en un cuadernito, me siento realmente feliz, libre, e independiente. La verdad es que muchas veces me gasto más dinero del que debería, pues estos cafés no suelen ser nada baratos, pero la felicidad que me proporciona, lo compensa ampliamente. En esta ocasión, me he pedido un té chino frío y una porción de tarta de queso. Y me lo han servido de un modo tan primoroso que he hecho una foto para que podáis verlo:

Podéis ver el vaso con los hielos, la teterita con el té recién hecho, el platito con la tarta y una taza en la que había una toallita húmeda para limpiarse las manos antes de empezar, unas servilletas y un tenedor. El té estaba realmente delicioso y tenía un ligero sabor a jazmín encantador.

El “Cafe bird” tiene un aire rústico realmente curioso. Os regalo algunas fotos. La primera imagen son dos tomas: la parte donde tienen la música y algunas tazas que venden, y la entrada. En la segunda podéis ver el interior del café (visto desde mi silla):


Sin embargo, la idea que ellos tienen de algo rústico o provenzal debe de incluir elementos religiosos y, de pronto, me he dado cuenta de que, a mi lado, en la pared, habían colocado un Cristo. Una de las cosas más agradables de este café es la música pues ponían canciones brasileñas y francesas. La verdad que ha sido realmente agradable y un dulce paréntesis en mi martes libre pero ajetreado.

Bueno, salud@s para tod@s. Gracias por leerme y por todos vuestros comentarios


2 Responses to “Caluroso domingo”

  1. Vengo rebotado de tu tuit, esta entrada me ha recordado porque me gusta escribir en el blog, esos recuerdos que en el momento que los escribes, parece que estarán ahí siempre, se van difuminando poco a poco, miras en tu blog lo que escribiste tiempo atrás y vuelves a revivir o incluso sacas del vacío en el que habían caído esos momentos.

  2. Eso es una gran verdad. Pero a veces produce una nostalgia extraña

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