irukina.com

Lost In Tokyo

10 2007

De turismo por Ise y Toba. Cuarta parte

Hola a tod@s:

¡Por fin la última parte de mi relato del viaje por Ise y Toba!

Este post es continuación de De turismo por Ise y Toba. Primera parte: visita al Naiku, De turismo por Ise y Toba. Segunda parte: los barrios de Edo, visita al Geku, ryokan en Ise y De turismo por Ise y Toba. Tercera parte: Futami Ga Ura.

Desde Futamigaura cojo él tren hasta la zona de Toba pero llego a mi ryokan antes de las tres que es la hora del check-in. Sin embargo, la dueña (una señora con cara de geisha) me atiende muy amable y me deja coger ya en ese momento la habitación. Ésta es mucho más amplia que la de Ise pero de aspecto un poco peor. Tiene baño dentro de la habitación, además de televisión, aire acondicionado y una neverita antediluviana: las bebidas del interior parecen botellas de los años 50 pero miro la caducidad y todo parece en orden. El dormitorio es de tatami con su futón y su mesita baja y silla con respaldo. La televisión es bastante moderna. Además hay otra mesa baja que tiene encima una máquina de agua caliente, un bote de té, una tetera y una tacita. En la mesa me han dejado la típica toallita húmeda que dan antes de las comidas para limpiarse las manos pero, que en esta situación, no entiendo por qué me han puesto ya que no hay nada de comer:

Decido irme rápidamente para visitar la isla Mikimoto de las perlas, uno de los centros turísticos más importantes de Toba. Se trata de un gran trozo de tierra rodeada de agua pero unida al terreno por un puente cubierto y con amplios ventanales. En realidad, toda la isla es un parque temático de las perlas al que cuesta acceder la friolera de 1500 yenes:

En la primera foto podéis ver la isla (con un cartel con el nombre, aunque creo que no se puede apreciar) y una parte del puente, y en la segunda un detalle del puente desde el interior:

Esta isla recibe el nombre de Mikimoto porque fue un señor llamado así el creador del sistema de cultivo de las perlas y todo el sistema de fecundación de las ostras. Este método se utiliza hoy en todo el mundo pero fue Mikimoto el inventor. En la isla, por tanto, hay un enorme museo que explica absolutamente todo sobre el cultivo de perlas. Es realmente completo y con toda clase de explicaciones.

Sin embargo el atractivo máximo de esta isla son las amasan, las buscadoras de perlas naturales. Toba es famosa por estas mujeres que, ataviadas con vestidos blancos, se lanzan al agua con cubetas de madera y recogen perlas del fondo, sin usar ningún tipo de botella de oxígeno. Sin embargo, la demostración fue bastante pobre. En un pequeño barco, había tres de estas mujeres que recogieron algunas ostras, siempre con el cubo de madera atado a su muñeca:

Después de esto volví al ryokan donde disfruté de un relajante baño en el ofuro. Además, este ofuro estaba rodeado de cristaleras desde las que se veía el mar.

A eso de las ocho (sabiendo que en estos pequeños pueblos todo cierra muy muy pronto) salí a buscar algún restaurante donde cenar. Entré en uno que tenía un menú en inglés y además la señora que me atendió era realmente amable. Decidí pedir hotate (vieiras) a la plancha, que son realmente famosas allí. Me sirven un abundante plato de este molusco acompañado de setas japonesas y también de trozos de tomate recortados de una forma muy graciosa. Como siempre, me ponen también tsukemono (verduras encurtidas) que no me suele gustar, pero esta variedad estaba realmente buena. Todo esto costaba sólo 700 yenes. Además pedí un bol de arroz (200 yenes). Estaba todo delicioso:

Y por fin llegó el último día de mi miniviaje por la zona. El desayuno en el ryokan estaba riquísimo y la habitación de estilo japonés en el que me lo sirvieron era muy bonita:

Era mucho mejor que el del día anterior pues tenía menos verduras aunque me pusieron un huevo frito que no me gusta. Había tofu colocado entre pedazos de hielo, tsukemono, un pescado asado, un bol con migas de carne (¡muy rico!) y ¡angulas!, sí, sí, como lo leéis. También había, como siempre, arroz y podía servirme las veces que quisiera desde el bol de madera que estaba al lado. Para beber té verde y se podía beber también las veces que se quisiera. Y de postre dos trozos peladitos de una fruta que creo que era melocotón:

Ese martes decidí coger un barco y visitar una isla llamada “Isla de los delfines” donde según la publicidad se podían tocar delfines, uno de mis sueños. De hecho, mi nick irukina proviene de la palabra japonesa イルカ (iruka) que significa ‘delfín’. Son unos animales que me encantan y siempre he querido poder bañarme con ellos. Incluso en la carrera de lingüística realicé un trabajo sobre la comunicación de estos cetáceos. Por todo ello, decidí realizar una excursión a esta isla. Hasta ella se accedía en un barco de estilo muy disney:

Sin embargo, esta isla resultó ser un parque temático decadente y cutre que tal vez había tenido una gloria pasada de la que no quedaba nada. Las instalaciones estaban viejas y las zonas de monte eran realmente intransitables. Había muchísimos insectos, goteras y partes oxidadas. La playa con la que cuenta la isla quizás se pudo usar en el pasado pero ahora se la ve absolutamente abandonada y no sólo por el mal tiempo sino que parecía descuidada. De hecho, la gente que visita la isla ni siquiera se acerca a esta zona. Os muestro varias imágenes de la playa, los aseos con los que cuenta y los caminos por la pequeña montaña circundante:

En la isla había un triste espectáculo con una foca. Lo más interesante era la forma de acceder allí ya que estaba en lo alto de una colina y había que subirse en una especie de telesilla:

Del lamentable espectáculo de la foca no os enseñaré nada pero si de las vistas que había desde esa pequeña montaña:

En otra parte de la isla había también un espectáculo de delfines que era más que lamentable. Los delfines daban sólo una o dos vueltas y cogían un par de aros. Creo (je, je) que los animalillos de querían rebelar porque el adiestrador no paraba de hablar y de hecho, estuvo mucho más tiempo hablando él que los delfines actuando. Daba la impresión de que no querían responder a sus órdenes. Yo no entendía lo que decía pero para mí que normalmente está más currado (o debería estarlo).

Lo único bueno de esta parte del parque es que esta zona donde están los delfines no es una piscina sino una parte de mar, es decir, como una especie de playa limitada por una red muy alta. Por lo tanto, se trata de agua de mar de verdad lo que supone menos cloro y menos productos de limpieza, aunque imagino que debe de ser una tortura para ellos estar tan cerca de la libertad y no poder tocarla. Además, los delfines están separados en dos grupos por una red y juegan constantemente alrededor de ella pero no se pueden tocar. Parece que se quieran encontrar.

La verdad es que las condiciones del parque y el ambiente llegaban a producir, en algunos momentos, una desagradable sensación de desazón. Por ejemplo, había un túnel que conectaba la zona de los delfines con la playa realmente decadente y ruinoso:

En la isla hay otra zona para delfines. Se trata de una pequeña piscina con una de sus partes de cristal desde donde se puede ver a estos cetáceos bucear y zambullirse. En este espacio hay sólo dos delfines que tampoco parecían muy felices aunque, de vez en cuando, daban algún salto:

Y una toma a través del cristal que hay en una de las paredes de la piscina:

Precisamente esta zona es donde se puede tocar a los delfines. Existe una pequeña plataforma donde se coloca uno de los delfines, y en grupos de tres se les podía acariciar. Nada más llegar, comprobé el horario en que se podía tener esta experiencia y quince minutos antes de la hora, me presenté allí. Sin embargo, al llegar, me llevé un gran chasco puesto que resulta que había que pedir número puesto que había un cupo de 12 personas por sesión. Como era lo que realmente más me interesaba y era algo que, de verdad quería probar (algo con lo que siempre había sábado), me apunté para la siguiente sesión para la que faltaban casi dos horas por lo que no tuve más remedio que quedarme en esa isla decadente un buen rato más. Y POR FIN llegó la hora. En un rápido japonés, la cuidadora nos explicó las normas y nos repitió varias veces que no hiciéramos nada raro puesto que podría ser peligroso (no dejan de ser animales salvajes). Además había que ponerse unas botas de goma que ellos mismos proporcionaban. La pena es que yo no iba con nadie así que pensaba que no tendría fotos de este momento tan especial. Sin embargo, un chico japonés que estaba haciendo fotos a su novia, me dijo que yo también salía en ellas por lo que le di mi email y me las envió (yo soy la que está más cerca de las rejas):

Para mi esta experiencia fue algo realmente especial. Las demás personas tocaban poco a los delfines y no sé si con miedo pero yo los acaricié desde el corazón. Y no me limité a tocar un costado sino también la cabeza y el lomo. Y, al tiempo que pasaba la mano por su cuerpo, le decía en voz baja que nos perdonara a los humanos por todas las cosas que le estábamos haciendo, tales como tenerlos encerrados. El tacto del delfín era (como yo tantas veces había imaginado) gomoso, liso y suave pero caliente en torno a la zona de la cabeza.

Después de esta experiencia cogí el tren para volver a Ise desde donde, por la noche, salía el autobús hacia Tokyo. El paisaje que veo a través de las ventanillas es encantador y totalmente japonés: campos de arroz, casitas pequeñas rústicas, etc.

Al llegar a Ise, como quedaba bastante tiempo para la salida del autobús, decido irme de nuevo al antiguo barrio samurái de Okage Yokocho, puesto que estaba llena de tiendas de souvenirs y puestos de comida, para merendar algo y poder hacer algunas compritas y regalitos. Además, allí había un pequeño museo de maquetas a escala casi real que reproducen la vida real en esa zona en la época Edo y que la anterior vez no había podido visitar. Era una exhibición pequeña pero muy interesante y didáctica:

Y tras hacer algunas compras y comer unos dulces, emprendí la vuelta al cosmopolita Tokyo. Siento el retraso en esta última entrega pero me quedé sin cámara de fotos y tuve que usar mi móvil japonés cuya tecnología es incompatible con mi ordenador, así que ha sido un poco difícil. Pero espero que os haya gustado.

——————

Sigo queriéndoos daros las gracias por todo vuestro ánimo y apoyo. Mi momento bajo y oscuro aún no ha acabado pero no es tan constante como antes. Aún así, las mañanas siguen siendo muy tristes. Y encima me he pillado un constipado de no te menees. No paro de toser y apenas tengo voz. Fui al médico el domingo pero esto de la comunicación en japonés es muy difícil y además de no enterarme de lo que tengo (mi tos parece de bronquitis pero ni idea), las medicinas que me dieron eran para sólo para un día: ¿extraño, no? Me dieron un antibiótico, mucolítico y otras pastillas para la tos pero solo en dosis para un día. Y claro, ya estamos a martes y aún estoy hecha polvo. Y estar así pochita me hace sentirme más tristona y necesitas más mimitos, snifff.

Miles de gracias y besos para tod@s


Deja un comentario

« »