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Lost In Tokyo

29  07 2007

De turismo por Ise y Toba. Segunda parte: los barrios de Edo, visita al Geku, ryokan en Ise

Este post es continuación de De turismo por Ise y Toba. Primera parte: visita al Naiku.

Al salir del Naiku no eran ni las 10 de la mañana, es lo que tiene madrugar, que ya se sabe que los kami (divinidades sintoístas) te ayudan. Una vez abandonado este reducto de naturaleza y paz, nos encontramos en una calle de casas de construcción antigua que recibe el nombre de Oharai Machi. Esta zona nos transporta a una época antigua de Japón debido a su arquitectura en madera y la forma de sus tejados y paredes. Actualmente, todas estas pequeñas casitas están convertidas en tiendas y restaurantes.

Como era la hora del desayuno, me paré en una especie de “bar” donde se podía degustar el dulce más típico de Ise, el akafuku acompañado de una taza de de té verde por sólo 300 yenes:

Este dulce, que goza de gran aceptación entre los nipones, ya que prorrumpían en grandes gritos de “qué rico, qué rico” mientras los tomaban, sin embargo, para mí era extremadamente dulce, incluso empalagoso, por lo de que las tres piezas que me pusieron sólo me tomé dos.

El local tenía una parte de tatami donde me he sentado así como las típicas ventanas de shojii (papel japonés) lo que le daba un encanto especial. Era muy japonés:

Tras el merecido descanso estuve caminando por esta calle llena de tiendecitas encantadoras con todo tipo de dulces, variedades de té, productos salados y, sobre todo, omiyage (es decir, los típicos souvenirs, ya que para los japoneses comprar algo del lugar que han visitado es una obligación y se vuelven locos en este aspecto). De entre todas las tiendas me llamaron la atención una pescadería y una barbería:

Y la entrada de alguna de estas casas:

El mismo río que había visto en el Naiku volvía aquí a encontrarse con los visitantes, en la parte trasera de estas casas:

Si seguimos avanzando por esta calle, llegamos a una zona que conserva aún más el sabor antiguo de la época Edo y principios de Meiji. Es un barrio entero de casas de madera antiguas al estilo tradicional donde, al pasear, parece que nos trasladamos a otros mundo. Cada casa, cada puerta, cada rincón, cada detalle, nos hace olvidar que tan solo a unos cientos de kilómetros está el bullicio de una de las ciudades más modernas del mundo: Tokyo. Esta pequeña burbuja detenida en el tiempo se llama Okage Yokocho. Aquí es donde uno empieza a darse cuenta de lo poco preparadas que están estas áreas más alejadas de las zonas típicas para los extranjeros. El mapa de este barrio está exclusivamente en japonés y sólo se puede conseguir un mapa en inglés pidiéndolo en una de las pequeñas tiendecitas que hay allí. Además, hasta ese momento, aún no había visto a ningún otro occidental. El mapa en inglés era de mucha peor calidad que el japonés.

Las casas de Okage Yokocho están reconvertidas en pequeñas tiendas de dulces, osembe y souvenirs así como en restaurantes y cafeterías:

En el centro de este antiguo barrio, hay un edificio llamado Okageza que reproduce la forma de los antiguos teatros japoneses. Además, su interior ha sido reconvertido en un interesante museo que explica la vida en la época Edo con maquetas y figuras a escala real. Sin embargo, no lo visité este día sino el último, por lo que pondré fotos de su interior en una próxima entrega:

Otra edificación interesante es una especie de pórtico donde en la época Edo se colocaban unos grandes tambores que tenían diferentes usos:

Después de la visita al Naiku y a estos barrios antiguos de tiendas, el recorrido lógico era dirigirse hacia el otro templo de Ise Jingu, el Geku o Templo Exterior. Como era bastante pronto todavía, decidí hacer el recorrido a pie y ahorrarme así los 410 yenes del autobús. Sin embargo, la ruta a pie resultó ser demasiado larga y carente de interés. Tan sólo voy a mencionaros y mostraros tres curiosidades:

– Poco después de empezar a caminar encontré un pequeño templo que no tendría gran interés si no fuera porque en ese momento había un grupo de persona, tal vez peregrinos, orando delante de la sala principal del edificio:

Y grabé en vídeo a este grupo al son de unos sutras que recitaban con cantarina entonación:

– Me sorprendió mucho encontrar esta tienda de coches wolkswagen antiguos. Me pareció bastante extraño, ya que Ise es una ciudad pequeña y muy tradicional y, la verdad es que no me pegaba mucho:

– Casi al final del camino, me tropecé con este templo cuyo nombre no averigüé y en el que no había nadie, puesto que, a sólo pocos metros, se encuentra el Geku, enormemente visitado y realmente famoso y popular:

Y por fin llegué al Geku pero, al contrario que el Naiku, estaba lleno de gente debido a la hora y además hacía ya bastante sol y calor por lo que no tenía ese encanto especial de la naturaleza recogida del otro. Al igual que en el Naiku, en éste no se pueden hacer fotos del santuario principal. Os regalo varias fotos de este otro recinto sintoísta (la segunda foto es la del edificio principal, al que no se puede entrar):

Y para que veáis el grado de mimetismo con la naturaleza, hasta las garitas de seguridad están hechas en madera:

A partir de aquí mi ruta se complicó bastante. El Geku estaba cerca de la estación de Ise y yo quería acercarme hasta otra estación (a unos 10 minutos) llamada Uji Yamada cerca de donde, según el rudimentario mapa que tenía, había varios museos. En ese momento tenía bastante hambre y no encontraba ningún restaurante además de que apenas había señales escritas en romaji (alfabeto latino). Decidí comer en la estación ya que no encontraba otro lugar pero no demasiado bien pese a la fama que tiene Ise por su gastronomía. Comí gambas en tempura con udon (fideos gordos):

Al salir, con un mapa realmente malo (el único en inglés que me dieron en la oficina de turismo) y sin ningún cartel comprensible, me encontraba un poco perdida. Buscaba una zona de museos pero no lograba ubicarme de ningún modo y, finalmente, pregunté a una señora quien, por cierto, tenía los dientes negros pero no de sucios sino como una especia de funda dorada pero ennegrecida por fuera, algo un poco extraño. Ella no parecía tener mucha idea de lo que la estaba preguntando y justo, en ese momento, se acercó un señor en bicicleta que fue el que me acompañó hasta la mismita entrada del museo, en un gran gesto de amabilidad. Era un señor muy simpático que me contó que el gran calor que hacía (en ese momento era realmente insoportable) se debía a que después de un tifón, vienen tres días de buen tiempo, con sol y el cielo completamente despejado.

Este museo que quería visitar conserva objetos, ropa y enseres de antiguos santuarios sintoístas ya que, como recordaréis, son reconstruidos cada 20 años. Aunque el Museo era muy interesante, era realmente difícil de entender ya que no había ni un sólo cartel en inglés o panfleto informativo en otro idioma que no fuera el japonés, por lo que no pude realmente entender qué era cada cosa. Había una maqueta muy interesante, kimonos de los monjes así como explicaciones sobre la construcción de estos santuarios.

Tras la agotadora jornada del primer día, mis pasos se encaminaron a mi alojamiento, pues había reservado una habitación en un ryokan (recomendado en la Lonely Planet de Japón) llamado Hoshidekan, situado a tan sólo 7 minutos de la estación de Ise. Es un ryokan encantador que conserva todo su sabor antiguo y tradicional, desde la misma fachada:

Y la típica entrada a una casa japonesa, con las zapatillas preparadas:

Y en el interior, hay un jardín japonés situado justo en el centro, al modo de los patios centrales de las casas españolas- En la segunda foto, la ventana que hay en la parte superior derecha era la de mi habitación:

Y la vista de este jardín desde la planta superior, en la puerta de mi habitación:

La habitación era bastante pequeña pero muy japonesa y como en todo este tipo de alojamientos, tenía su yukata (este kimono ligero de algodón) y el futón. Era una habitación de tatami, con ventanas de shoji y tokonoma (el lugar donde se coloca la caligrafía y el arreglo floral):

La señora del ryokan me obsequió al llegar con un vaso de té frío y una galletita:

Mi habitación no tenía baño sino que este era común para varias habitaciones. Sorprendentemente, el baño era también totalmente rudimentario puesto que no tenía agua. Por ello, no se puede tirar de la cadena sino que para limpiar el inodoro hay que usar una pistolita de agua unida a un depósito. Además la tapa estaba recubierta de una pieza de lana, lo que me daba bastante grima:

Para lavarse las manos, el baño cuenta con un pequeño depósito de agua cuyo extremo inferior hay que apretar con la palma de la mano para que salga el agua:

Como todos los ryokan éste también contaba con un ofuro donde me di un relajante baño para recuperarme de mi agotadora jornada.

Un poco antes de las 20:00 decidí salir a una zona cercana donde, según mi guía, había un barrio antiguo lleno de tiendas y restaurantes tradicionales pero, aunque salí pronto porque sé que en estas pequeñas ciudades niponas la vida acaba muy pronto, estaba todo muerto y muy oscuro por lo que no encontré nada abierto. Por ello, decidí encaminar mis pasos hacia la estación donde pensaba que habría más restaurantes e izakaiyas (taberna japonesa). Sin embargo, a medio camino me encontré con un restaurante bastante lujoso en el que servían sabu-sabu, una receta japonesa en la que el propio cliente prepara carne y diferentes verduras sobre un recipiente de agua hirviendo. Me apetecía probar bastante este guiso ya que en Ise es famoso por un tipo de carne llamada carne de Matsusaka, de calidad tan buena como la más famosa carne de Kobe y el mismo elevado precio. El menú costaba 5800 yenes (¡más que una sola noche en mi ryokan!) pero decidí entrar ya que sólo se vive una vez.

Este menú consistí en un plato de carne, y otro de verduras como brotes de soja, zanahoria, nabo japonés, setas. etc. así como tofu y unos finos fideos casi transparentes. Además servían dos tipos de salsa (de soja y de sésamo) ý otro platito lleno de diferente puñetitas (especias, hierbas, etc.) para condimentar la carne. Para acompañar la carne se podía elegir entre arroz y udon y elegí lo primero ya que los fideos los había probado a mediodía. Las camareras iban vestidas de kimono:

De postre me sirvieron un helado de vainilla acompañado de pequeñas judías dulces.

Y tras esta opípara (y cara) cena me fui a descanar al ryokan para disfrutar de un merecido descanso tras mi primera agotadora jornada en Ise.

Continuará… Próxima entrega: FutamigaUra y Toba donde me esperaban más sorpresas, emociones y vivencias

Muchas gracias a tod@s por leerme.


2 Responses to “De turismo por Ise y Toba. Segunda parte: los barrios de Edo, visita al Geku, ryokan en Ise”

  1. woo ESTA MUY BONITO ME ENCANRA TE ENVIDIO POR ESTAR AHI JAJAJA AMO JAPON ESPERO IR ALGUN DIA A ALLA

  2. hitomi: Muchas gracias. :)

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