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Lost In Tokyo

16  01 2007

En busca del Fuji perdido

Hoy desafiando a la gripe que me ha atacado estos días y previniendo que, en breve, ya no tendré los martes libres, me he vestido mi uniforme de aventurera, y he decidido hacer una excursión a Hakone para intentar divisar mi tan ansiado Fuji.

A Hakone ya había ido con mi Danitxu el pasado agosto. Pero, como ya sabéis, mis intentos de ver esta montaña suelen estar gafados y, en aquella ocasión, nos pilló un terrible tifón veraniego. Fue una excursión más completa que la que he hecho yo hoy sola, pues cogimos todos los medios de transporte de la zona (tren, funicular, teleférico, barco y autobús), comimos huevos negros, asistí a una mini ceremonia del té y sobre todo ¡nos mojamos! Pero ¡no vimos el Fuji!

Esta vez mi intención era sólo ir a la zona del lago para intentar ver el Fuji. He llegado en tren hasta Hakone Yumoto, punto de partida de todas las rutas que rodean el Fuji y, desde allí, he optado por coger un autobús hasta Hakone Machi, donde, según mi plano, había unos jardines desde los que había una excelente vista de la montaña. Cuando ya estábamos a punto de acercarnos, de pronto, he visto (¡por fin!) la figura imponente del Fuji, totalmente vestida de blanca (lo que producía un gran contraste con los montes circundantes sólo cubiertos de árboles, muchos de ellos desnudos) pero con la cumbre tapada por una oportuna nube blanca (la única del lugar). Sin embargo, la visión ha sido rápida pues la marcha del autobús continuaba. Al llegar a mi parada, había también una pequeña vista del Fuji, aunque algo más oculto. Esto es lo primero que yo he observado (está todo blanco por la nieve y por la nube y a veces, no era tan fácil distinguirlo):

Y pillé a uno de los barcos que recorren el lago Ashi (el que vamos a ver en todas las fotos). Es uno de los más pintorescos, pues imita el estilo (o perpetra diría yo, je, je) de los barcos piratas: sí, sí, muy para “turists”. La anterior vez Dani y yo montamos en ese barco, desde el que se suponía que había increíbles vistas del Fuji, pero ni siquiera pudimos salir de la parte interior debido a la fuerte lluvia. Esta vez sólo lo he fotografiado y no he subido, pues aunque hubiera podido tener alguna instantánea más cercana del monte, se me iba ya de presupuesto (es una auténtica clavada):

Bien, pues estas tomas están realizadas desde Hakone Machi, ya que allí quería visitar un jardín que se había construido como parte de un palacio de verano para la familia imperial. Después de dar varias vueltas y rebotar como una pelota de tenis de aquí para allá (son los problemas que tiene la comunicación no fluida) he logrado encontrar este lugar. Es un típico jardín japonés (que en primavera y otoño debe de estar realmente increíble) que rodea el lago Ashi y cuyo acceso me ha llamado especialmente la atención, por la forma que habían alcanzado los árboles:

Desde este parque, el Fuji ha vuelto a aparecer, esta vez con mucha más claridad, aunque las nubes de la cima, nunca llegaron a desaparecer. Os pongo una foto sin zoom y otras con el Fuji en zoom:

En ese jardín, hay un punto de observación, marcado como el mejor de la zona para observar la montaña. Es una especie de templete (en el centro de la siguiente primera foto) y allí hay un visor telescópico para poder observar el Fuji. Lo curioso, es que, al contrario de lo que ocurriría en España, no cuesta dinero y ¡además funciona! Yo, jamás de los jamases, he visto ninguno de esos telescopios en España funcionando. Siempre están estropeados ¿no?

Y, ciertamente, la vista desde allí, era espectacular: tanto a simple vista, como con el telecopio (impresionantes los detalles de la ladera del Fuji) como con el zoom:

A continuación, desde otro punto del jardín podemos ver otra vista del lago con un torii (puerta sintoísta) flotante:

Desde aquí, me he dirigido hacia Moto Hakone, donde se supone que está la vista más centrada del Fuji (obviando la que se vería desde el barco, que esta vez no tomé), a través de un famoso paseo de cipreses (paseo que ya hicimos Danitxu y yo en agosto):

Allí, he sacado varias fotos más (como no en mí, je, je) del lago y la montaña: con barco, sin barco, con torii, etc.

Una de las cosas más curiosas, ha sido el sonido que, de vez en cuando, venía desde el Fuji. Era una especie de sonido sordo, como un disparo o un trueno. De hecho, creo que se trataba del eco de una fuerte tormenta que debía estar sucediendo en la cima de la montaña. Era realmente extraño y, algunos, verdaderamente fuertes.

Cuando estaba subiendo en autobús hacia Hakone Machi, había visto, de pronto y de pasada, el hotel Fujiya. Y, os preguntaréis: “bueno, y eso ¿qué tiene de particular?” Pues para mí, muchísimo. Muchos ya sabéis (y algunos incluso habéis sido mis compañeros) que he realizado la carrera de Estudios de Asia Oriental. En una de las últimas asignaturas de estos estudios, tuve que realizar un trabajo para una asignatura de arte sobre este hotel. Es un hotel construido en la época Meiji, que mezcla la arquitectura occidental (sobre todo en materiales y estructura) con la japonesa (en la parte de estilo y acabado) y donde se han alojado huéspedes tan importante como John Lennon o el propio emperador. Por eso, cuando he visto este hotel, se me ha acelerado el corazón; tanta búsqueda en Internet, tanto estudio de libros y búsqueda de imágenes del edificio para analizar su estilo y ahora, de repente, tenía la oportunidad de verlo en vivo. Así que, después de comer en Moto Hakone, he decidido coger de nuevo el autobús y bajarme en la parada del Fujiya. Y, sí, allí, estaba. No os podéis imagina la emoción que he sentido. Con la imagen de uno de los edificios de este hotel (concretamente el Palacio de las Flores) estuve bastante tiempo, pues tenía que analizar todo el estudio y explicar cada uno de sus rasgos. Pues, aquí os lo presento. En la primera tanda, veis el Palacio de los Flores (el que yo analicé) donde se observa perfectamente esa mezcla de arquitectura occidental (edificio de pisos, uso de cristales y cemento, etc.) y occidental (tejados japoneses, imitación de las paredes de los templo shinto, etc.):


El edificio principal es aún un pastiche mayor de estilos. Pero es ahí donde radica la esencia de este hotel. Hay que enmarcarlo en una época en la que Japón se acaba de abrir al exterior y busca occidentalizarse y modernizarse pero sin perder su esencia. Por ello, incorporan nuevas técnicas arquitectónicas pero sin dejar de lado su estilo y alguna de sus líneas tradicionales:

Ya que había llegado hasta allí y dado que no tengo vicios, me he tirado a la piscina y he entrado en el salón de té (de estilo occidental) para tomar una merienda. Como el interior del hotel es de gusto claramente occidental, no tenían té verde o japonés sino tes de tipo inglés. Aún así me he tomado un té y un tiramisú que estaba realmente excelente. La vajilla era de plata y de un primor exquisito. En Japón, nada más sentarse en la mesa, es costumbre servir agua al cliente, incluso antes de que éste pida nada. Aquí servían el agua desde una jarra de plata y con una curiosa técnica, elevándola más o menos 40 centímetros para así crear un chorro líquido y largo que, al caer, producía un cantarín sonido.

Mi merienda.

Así que la búsqueda del santo Fuji, ha dado sus frutos. He guardado mis aparejos de aventurera y con el sabor de la tarea bien realizada, he emprendido la vuelta.

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NOTA: Os he contestado a los que escribís habitualmente, en post anteriores, pues hasta ahora no había tenido tiempo. En muchos casos, respondo a algunas de las dudas que me habíais planteado, como una de e05h003.


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