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Lost In Tokyo

10 2006

Kamakura segunda parte

Este post es continuación del de Kamakura primera parte.

Nos habíamos quedado en el maravilloso templo Hasedera. Además de bellos jardines, santuarios en grutas y edificios budistas, aquí encontramos una de las esculturas budistas más importantes: la estatua de Kannon (se trata de un boodhisattva, es decir, alguien que ha alcanzado la iluminación pero renuncia a ella para transmitir las enseñanzas del budismos a otros) que tiene once cabezas; cada una de ellas es la representación de un rasgo de este bodhisattva. Estaba prohibido hacer fotos, pero pudimos sacar una:

Pero, sin duda, uno de los rasgos más característicos de este templo es que tiene una maravillosa vista al mar, a la costa de Kamakura. Es increíble estar en este espacio religioso lleno de jardines y pequeños estanques de agua dulce rodeados de nenúfares y bambúes y, al mismo tiempo, poder ver el mar y casi oler el aroma a sal:

Hasedera es un templo budista pero, al igual que muchos otros templos en Japón, tiene en su interior alguna zona dedicada al culto shinto. Los espacios sintoístas están siempre precedidos por un torii, un pórtico generalmente de color rojo:

Otros pequeños y encantadores detalles de Hasedera son una graciosa escultura de un Buda barrigón o un espacio de culto a los antepasados:

Y, por último, os mostraré un ejemplar de un árbol muy antiguo que encontramos en el templo y la puerta de entrada y salida a Hasedera, también muy famosa, que recibe el nombre de Sanmon:

Kamakura es una localidad de costa pero que cuenta también con una frondosa montaña. Desde la zona del Daibutsu y Hasedera se puede recorrer una ruta natural a través de un monte boscoso que conduce hasta la zona de Kitakamakura. El camino está salpicado de bellos templos tanto shinto como budistas. Dani y yo realizamos esa ruta de senderismo como dan muestra estas imágenes (recordad que el calor era un poco asfixiante y que una gran parte del camino era en ascenso):

En mitad del camino, una abertura entre la vegetación nos permitió contemplar el mar de Kamakura desde las alturas. Ver el agua marina, rodeados de árboles, mariposas y flores es de una belleza indescriptible:

Como he explicado más arriba, a lo largo de esta ruta natural, Kamakura nos regala varios santuarios escondidos entre la frondosidad. Uno de ellos resultó una grata sorpresa, un bello templo shinto donde la naturaleza y la arquitectura se funden en uno. La entrada está marcada (igual que en todos los recintos sintoístas) por un torii y para penetrar al santuario, hay que atravesar una gruta que nos lleva al otro lado de una montaña:

Dentro, encontramos maravillas como esta catarata, integrada en la propia estructura del templo, forma parte de su interior:

El culto a la naturaleza de la religión shinto queda en este lugar plenamente manifiesto.

Casi al final de la ruta, entramos en otro templo, en este caso de tipo budista, donde tuvimos la suerte de estar completamente solos, ningún otro turista merodeaba por el lugar. En el centro del templo, hay un edificio que estaba destinado a vivienda de los monjes (primera foto). También pudimos ver una triada budista (segunda foto):

También en este templo encontramos largos bambúes y nos divertimos con unos graciosos tanuki (el tejón japonés):

Aún me queda describiros el final de esta ruta verde y la visita a un templo más, pero será en una tercera parte: parece que la visita a Kamakura está dando para mucho, je, je. Sin embargo, antes de cerrar el post, quiero terminar con una foto de un par de lámparas de piedra típicas de la escultura japonesa. Una es de diseño muy simple (y tradicional) y la otra es una réplica en pequeño de una pagoda:

En breve… ¡la tercera entrega!


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