irukina.com

Lost In Tokyo

25  07 2006

Síndrome de Stendhal

Si recordáis aquel anuncio de un coche en el que se presentaba a un hombre que sufría este síndrome al contemplar algo de una belleza extraordinaria, tal vez pueda transmitiros las sensaciones que me han invadido hoy.
Esta mañana he llegado al museo nacional de Tokyo para visitarlo y la sorpresa ha sido mayúscula cuando mis ojos se han encontrado, en primer lugar, con este edificio, el Honkan, que alberga una exhibición de arte japonés de todo tipo (cerámica, escultura, lacas, pinturas, espadas, etc.) y de todos los tiempos:

Este maravilloso edificio lo estudié en una de mis asignaturas de la carrera muy poco antes de venir a Japón. Analizamos el estilo y lo comparamos con otros edificios pero no recordaba que era de este museo por lo que, al toparme con él, me ha dado un vuelco el corazón. Ver con mis propios ojos lo que había podido observar en diapositivas ha sido realmente fabuloso. Mi corazón ha comenzado a latir con fuerza, mi respiración se ha acelerado y una gran sonrisa se ha dibujado en mi rostro. Este edificio pertenece a lo que se conoce como “estilo Teikan o imperial”, en el que se mezclan la arquitectura tradicional japonesa y la arquitectura occidental.

El museo nacional de Tokyo (que ha sido una grata sorpresa, no imaginaba que tenía tal dimensión ni que contaba con esas piezas únicas) tiene cuatro edificios principales:
1) HONKAN, el que os he mencionado más arriba.
Nada más entrar se encuentra la sala de escultura y, de nuevo, el síndrome Stendhal me ha invadido al contemplar las esculturas del período Kamakura. También había podido verlas en diapositivas y libros de arte pero las imágenes no hacen justicia a estas maravillosas piezas. La escultura de Kamakura se caracteriza por su realismo, por la utilización de un solo bloque de madera y por la incorporación de piezas de cristal para los ojos y dotar, de ese modo, de vida y humanidad a las figuras. Siento no poder mostraros ninguna pero no estaba permitido realizar fotos en esta sala.

En las salas del piso superior he podido ver vasijas y campanas del período prehistórico japonés, que también había visto muchísimas veces en diapositivas.
Mención aparte merece la sala de lacas de una belleza extraordinaria. Y, por supuesto, la sala dedicada al arte de la ceremonia del té. Los que me conocéis, sabéis lo que me apasiona el mundo del té. Aquí he podido observar teteras, tazas, juegos de té, etc.
También había una zona dedicada a las espadas y armaduras de los guerreros samuráis.

2) HEISEIKAN. Aquí hay una extensa muestra de arqueología japonesa. Sin lugar a dudas, ha sido lo que más me ha gustado de todo el museo. Cuenta con una amplia colección de arte de los períodos Jomon, Yayoi y Kofun, de los que he estudiado tanto su arte como su cultura y evolución en diversas asignaturas de mi carrera. La cerámica del período Jomon (el período más antiguo de la Prehistoria japonesa) se caracteriza por la producción de vasijas de barro con motivos de cuerda (es decir, cuando el barro aún está fresco, se decora por medio de cuerdas que se aprietan contra su superficie para dejar una serie de características marcas y señales):


Me ha emocionado ver estas vasijas en vivo y en directo después de haber observado y estudiado tantas fotografías. Pero aún más fabuloso han sido las haniwa. Las haniwa son figuras de barro del período Kofun con las que se enterraba los muertos. Había de diferentes tipos según la categoría del personaje. Os pongo, debajo, unas haniwa de forma cilíndrica y de edificios. Las de forma de casitas rodeaban al cadáver en primer lugar y, en un segundo círculo, se colocaban las haniwa cilíndricas. Además, junto a las fotos podéis leer (en inglés o japonés) la información que daba el museo:

En segundo lugar podéis observar unas haniwa aún más hermosa. Se trata de las que tienen forma humana y de animales. La del caballo es una verdadera preciosidad. También os incluyo la explicación de este tipo de haniwa:


La haniwa del caballo es tan popular que en la tienda del museo venden reproducciones de peluche. Me he tenido que contener para no comprarme uno, je, je:

3) TOYOKAN, tres plantas donde se exhibe arte de Asia oriental y central: China, Corea, Irak, etc. Lo he visitado mucho más rápido pues ya andaba algo cansada y me interesaba un poco menos.
4) HORYUJI TREASURES. Tesoros (básicamente esculturas) pertenecientes a la casa imperial.

Y, además, todo este esplendor artístico me ha salido al módico precio de 130 yenes debido a que me han admitido mi carné de universidad (y eso que hace un mes que acabé la carrera, je, je).

Desde aquí me he dirigido hacia otro museo, en esta ocasión, el Museo Shitamachi. Y en el camino, me he perdido un poco, por lo que me he detenido en un kouban (puesto de policía) para preguntar. Cuando salía, unos guiris también algo perdidos, me han preguntado, precisamente, cómo se iba hacia este museo Shitamachi por lo que hemos ido juntos. Era una pareja de mediana edad de la “Yankilandia” más profunda pues eran de Kansas. El señor iba de americano total, en plan boy scout o tal vez guardia forestal tipo Yellowstane (el del oso Yogui), como podéis ver en esta foto:

Se admiten comentarios sobre este ejemplar típico, je, je.
Bueno, pues a lo que vamos. Este museo es realmente increíble y aunque las visitas museísticas no os apasionen, no podéis dejar de visitarlo. Se trata de un museo pequeñito en el que por 400 yenes puedes aprender cómo son las viviendas tradicionales japonesas y su vida cotidiana, por medio de reproducciones a tamaña real (pero con mobiliario y objetos verdaderos, procedentes de muchas casas) de viviendas típicas japonesas. Además se podía entrar (quitándose los zapatos) en cada una de ellas y tocar y examinar los objetos que se hallaban en su interior.

En la planta superior había casas más modernas y una amplia colección de juguetes tradicionales japoneses con los que se podía jugar libremente. Además, hemos tenido la suerte (la pareja de yankis y yo) de que nos guiara en la visita una amable voluntaria japonesa (una agradable ancianita) que nos ha explicado el significado de cada objeto y los usos y costumbres (eso sí, en inglés). A la salida, me han regalado unas figuritas artesanales japonesas por, según me han dicho, hablar bien japonés (en cuanto dices domo arigatou y un par de números, se emocionan, ja, ja).

He continuado mi día turístico dirigiéndome hacia la calle Ameyoko donde se encuentra un mercadillo en el que se mezclan tiendas de ropa junto a otras de pescado, algas, frutos secos (y lo que en España llamaríamos “variantes”), té, droguerías e incluso he visto una de palos de golf. El ambiente es francamente animado con los vendedores en las puertas dándote la bienvenida y anunciando sus productos. En la entrada de muchos de los establecimientos ofrecen algunos de sus productos a los viandantes.

Me ha gustado bastante un puesto de frutas en el que se podían adquirir brochetas de frutas (melón o piña) y trozos de sandía para tomarlos en el momento:

Y, especialmente chocante, ha sido ver este ejemplar de tortuga expuesto en una de las tiendas (y sí, sí, se podía comprar como alimento):

En el camino de vuelta, he pasado por el parque Ueno y, en uno de sus estanques, una frondosa vegetación tapaba completamente el agua:

Y tras varias agitadoras horas de turismo (he calculado que he estado unas seis de pie o andando) y de sobredosis artística, ha disfrutado otro día de mi tiempo libre en la vibrante ciudad de Tokyo.

Besos para tod@s


Deja un comentario

« »