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Lost In Tokyo

22  01 2008

屋久島 Una isla de cuento

En septiembre del año pasado disfrutamos de varios puentes en Japón. A principios de mes aproveché uno de ellos para visitar Hokkaido, como ya pudisteis leer en tres post consecutivos de este blog (Hokkaido primera parte. Sapporo, Hokkaido segunda parte. Asahiyama y Furano y Hokkaido tercera parte. El lago Toya y el volcán Usu).

En el siguiente puente de ese mes realicé otro de mis viajes pero en esta ocasión acompañada de una amiga japonesa, Kayo. Esta vez, la organización corrió de su cuenta y debo reconocer que lo hizo muy bien y nos salió muy económico. El viaje fue a una isla increíble llamada Yakushima, situada al sur de Kyushuu (una de las cuatro islas principales de Japón). Para llegar allí debíamos coger un avión hasta Kagoshima (en Kyushuu) y después un barco.

El día de inicio del viaje Kayo y yo quedamos en el aeropuerto de Haneda pero ella llego súper justa (a menos de media hora de la salida del vuelo) y además nos equivocamos de sala de embarque, así que cuando por fin embarcamos éramos las últimas.

En el avión de JAL observó algunos detalles en los que no había reparado la anterior vez cuando viajé a Hokkaido. Por ejemplo, cuando el avión está abandonando la zona de aparcamiento, observo desde la ventanilla del avión, entre sorprendida y divertida, que tres trabajadores del aeropuerto (tal vez mecánicos) nos despiden moviendo la mano en señal de adiós y, por último, ejecutan una perfecta y coordinada reverencia. También me fijo en que las azafatas hacen siempre reverencias en el pasillo del avión.

Este primer día de viaje resulta ser el de los medios de transporte, lo que llega a ser un poco agotador pero es que, aunque Japón no es muy grande, al ser tan extendido (es un país “a lo largo”) a veces moverse de un extremo a otro requiere mucho tiempo (aunque los medios de transporte son excelentes). Para llegar al aeropuerto de Haneda tuve que coger, desde mi casa, dos trenes. A continuación el avión a Kagoshima y una vez en Kagoshima, nos vemos obligadas a coger dos autobuses. Uno desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad y otro, desde allí otro hasta la zona del puerto.

En el puerto tenemos que viajar en un ferry supuestamente rápido pero aún así tarda más de dos horas desde Kagoshima hasta Yakushima. Desde el barco se puede observar la montaña más alta de Kyushuu. El interior del barco es similar al de un avión aunque más ancho:

Cuando, por fin, pisamos Yakushima, tengo la sensación de volver al verano tokyota pues una bofetada de calor húmedo nos saluda pegajosamente. Es realmente una isla tropical de naturaleza generosa donde la palabra sequía debe de haber desaparecido de su vocabulario. Aquí llueve más de 300 días al año y, por eso, nos hemos venido preparadas con nuestras ropas impermeables. Sin embargo, al llegar no llueve y un tímido sol aparece de vez en cuando entre las nubes. Desde el puerto vamos caminando hasta la zona del minshuku (pensión de estilo tradicional regentada por una familia) y disfrutamos ya de las primeras vistas verdes y exuberantes de esta isla. Por el camino, nos cruzamos con varios cangrejos que, dada la humedad del lugar, no deben de diferenciar bien entre el mar la tierra:

El minshuku resulta ser un lugar encantador y nuestra habitación es completamente de madera, hasta el baño:

La habitación está a pie de calle y tenemos una puerta corredera que da al puro campo y que nos ofrece esta magnífica vista:

Estamos al lado de un río y desde fuera hice más fotos:

Como aún era pronto para cenar, decidimos dar una vuelta por los alrededores, una zona supuestamente algo más urbana pero que, sin embrago, a mí me parece selvática llena de telarañas, hojas de árboles de tamaños imposibles y flores exóticas y tropicales:

Como en esta isla el sol y la lluvia se alternan con tal facilidad que parecen dos amantes traviesos, es fácil observar arco iris como el que tuvimos la suerte de ver y fotografiar en este improvisado paseo:

Poco a poco empezaba a anochecer y nos dirigimos a nuestro alojamiento donde teníamos incluida la cena. Cuando llegamos al comedor había solo un par de platitos pero la señora empieza a traer comida y más comida hasta que toda la mesa queda inundada de alimentos, la mayoría especialidades del lugar, como una especie de pescado frito volador (tenía alas, de verdad, podéis verlo en la foto):

Además podíamos repetir de arroz y de té verde cuantas veces quisiéramos.

A la mañana siguiente también pudimos disfrutar del desayuno con algunas especialidades del lugar. El menú incluía un huevo crudo (algo habitual en Japón) pero yo aún no puedo comerlo así, de modo que la señora me lo cocinó amablemente en el microondas:

El atractivo principal de Yakushima son sus bosques y, en especial, una parte donde se encuentra un árbol milenario que aseguran tiene más de 7000 años. Sin embargo, la excursión hasta este lugar dura más de 14 horas y no contábamos con tanto tiempo así que fuimos a visitar otro bosque de cedros de unos 300 años y subimos también a una pequeña montaña que ofrecía vistas de la isla.

Para llegar al inicio de la excursión había que coger un autobús que subía por una empinada carretera y ofrecía desde su ventanilla increíbles paisajes en altitud del lugar:

El bosque de la excursión no puede definirse de otro modo que no sea “de cuento”. Es un bosque de árboles con formas imposibles, raíces que la vista no alcanza y cantidades ingentes de musgo como para hacer un belén de miles de kilómetros cuadrados.

Árboles (algunos de varios cientos metros de altura):

Raíces (algunas completamente cubiertas de musgo):

Musgo

Y además de los árboles con raíces endiabladas y cubiertas de musgo, a lo largo de la excursión, hemos visto varios ciervos y, dado el contexto, estaba convencida de que, detrás, aparecería un príncipe con su arco:

Pero, ilusa de mí, aquí lo único que aparecía (¡y de forma traicionera!) era la lluvia. Y es que hemos tenido sol, lluvia, sol, lluvia, otra vez sol, en un ciclo un poco desesperante. Casi toda la primera parte de la excursión ha sido bajo la lluvia. Al principio estaba bastante despejado y nos las prometíamos muy felices pero, unos monos nos dieron mal agüero. Me explico. Unos diez minutos después de haber empezado la excursión, llegamos a una explanada de rocas y allí, de repente, dos monos se estaban despiojando:

Y acto seguido (no habían pasado ni 20 segundos) se abrió el cielo y empezó a diluviar. Aquí es donde descubrí que no me había gastado el dinero en balde. Así que estrené mi chubasquero de Northface y unos pantalones impermeables, lo que me daba un aspecto ciertamente lamentable. Aquí, varias fotos de mí, en diferentes momentos de la excursión y con diferentes indumentarias según lloviera, saliera el sol, diluviara…

Pero esta isla es de clima tropical (aunque, increíblemente, según he leído, parece que nieva en invierno a veces, así que, en realidad, el clima me tiene un poco desconcertada) por lo que, aunque mi piel y pelo se mantenían a salvo de la lluvia gracias a las prendas impermeables, mi cuerpo producía su propia lluvia de sudor. Era un abriguillo fino pero se sudaba mucho por dentro.

Nuestra excursión era por ese bosque del que ya os he mostrado algunas imágenes hasta un monte más o menos elevado. Por el camino, también tuvimos que atravesar algunos riachuelos:

Después de unas tres horas de subida, con un último tramo muy empinado lleno de raíces gigantes y barro pues había caído una intensa lluvia, llegamos a la cima que resulta ser sólo una piedra grande en la que apenas cabemos las personas que allí estamos. Las vistas desde el peñasco son increíbles aunque vemos como se acerca peligrosamente una gran nube. Me sorprende también la virulencia que deben tener por aquí las tormentas puesto que muchos árboles aparecen partidos por rayos (incluso durante la subida oímos varios truenos que atemorizan nuestros pasos):

En ese alto me siento a disfrutar un poco del sol y cuando me subo el pantalón (o más bien los pantalones, pues llevaba los de chándal y encima los pantalones impermeables) descubro con horror que, sobre mi pierna, hay un bicho asqueroso que resulta ser una repugnante sanguijuela que, encima, me ha pegado un buen bocado (y más tarde me atacaría otra pero sin llegar a morderme). Supongo que estos bichitos no disfrutan a menudo de sangre fresca de gaijin.

Desde aquí, y tras el desagradable incidente, emprendemos el regreso pasando por alguna de las zonas de estas fotos:

Y después de la dura excursión volvimos al minshuku donde nos esperaba una opípara cena en la que nos pusieron un total de nueve platos (incluyendo entre éstos el arroz y la sopa de miso). En la primera foto podéis ver ocho de estos platos y en la segunda, el último plato que nos sirvieron cuando yo creía que ya no podía comer más:

Ya, por la noche, dispuestas a dormir y con los músculos doloridos por la caminata, descubrimos que en la habitación había un visitante inesperado:

A la mañana siguiente (tercer y último día de viaje) teníamos pensado visitar un parque en el que se podrían observar distintos tipos de vegetación propios de la isla. Ya que no teníamos tiempo para visitar más zonas de Yakushima, nos pareció que acercarnos a este parque sería buena idea. Sin embargo, no fue fácil. No sabíamos muy bien si había autobuses o a qué hora pasaban y nos vimos (otra vez, como ya me pasó en Hokkaido pero esta vez bajo un calor pegajoso y chicloso) caminando por una carretera y con las pesadas mochilas a cuestas. Eso sí, la vegetación era muy atractiva ya que, como ya he dicho, esta isla disfruta de una generosa frondosidad. Seguimos caminando sin encontrar ninguna parada de autobús (para, al menos, poder consultar los horarios) ni tampoco pasaba ningún taxi. Después de caminar un buen rato (os aseguro que se me hizo eterno) llegamos a una parada de autobús. Según la información allí escrita, el bus debería pasar a las 10:00 y en ese momento eran menos diez. Sin embargo, se retrasó bastante y no llegó hasta pasadas y cuarto. Aquí se nos ve en esa carretera medio devorada por la vegetación que todo quiere invadirla y con cara de cansancio y calor:

Y toda esta espera y camino bajo el calor húmedo isleño para… pues para ser devorada y mordida en ese parque por decenas de mosquitos amantes de mi sangre extranjera. Bueno, en realidad, de cualquiera. A la entrada del parque regalaban pai pais para espantar los numerosos mosquitos que por allí volaban. Pero, además, la señora que vendía las entradas, al ver mi piel blanca de gaijin, debía saber que atraía más a estos voraces insectos y me colgó en el pantalón un utensilio que soltaba humo y supuestamente los espantaba. Era un armatoste metálico del que salía un humo y olía de forma parecida al incienso. Aquí podéis verlo un poco:

Además de todo esto, la amable señora (o con miedo a una demanda de una furiosa gaijin devorada por los incestos) me echó por todo el cuerpo loción repelente de mosquitos. Aun así, a los tres minutos, miré mi cuerpo y observé, entre alarmada y sorprendida, que varios mosquitos estaban sobre mis piernas y tenía ya varias picaduras. Por eso, y dado que tenía demasiada carne expuesta a su gula (iba en pantalones cortos y camiseta de tirantes) desafié el calor y la humedad y me subí los calcetines (a lo Steve Urkel), me puse una camiseta de manga larga y me coloqué un pañuelo al cuello. En la siguiente foto os dejo que os rías de mis ridículas pintas pero que ilustran muy bien todo lo que os estoy contando:

Aún así, se dieron un buen festín a mi costa y, dicho sea de paso, también un poco a la de mi amiga.

En cuanto al parque, era interesante. No muy grande pero con enormes árboles tropicales. Algunos adquirían formas realmente curiosas y se doblaban sobre si mismos hasta no parecer un sólo árbol sino varios:

Pero esta visita de 10 minutos (más hubiera supuesto un desangramiento, estoy segura) me costó:

  • Una agotadora marcha por la carretera cargada con la mochila bajo un sol abrasador
  • 270 yenes del autobús para ese último tramo que hicimos motorizadas
  • Varias (conté más de 20) picaduras de mosquitos desnutridos antes de nuestra llegada (después, tal vez, murieron de indigestión)
  • 1000 yenes del taxi que cogimos para volver a la zona del puerto (al que llamamos desde el parque) para emprender el regreso.
  • Un susto porque el taxista nos dijo, espero que en broma, que en ese jardín había mosquitos de la malaria puesto que eran árboles tropicales. Qué chistoso el hombre, ¿no?

      Y tras el banquete de los mosquitos, volvimos tranquilamente a Tokyo repitiendo el mareo de medios de transportes del primer día.

      Aunque, como siempre, he puesto bastantes fotos, de este viaje hay muchísimas más y (lo creáis o no) me he cortado un poco. Así que, ahora como se permite integrar Flickr (uno de los mejores programas de fotos de Internet) en el blog, podéis ver en el módulo de la derecha todas las fotos y además en tamaño grande. Sólo tenéis que pinchar en ese módulo y ¡disfrutar!

      Por cierto,s e me olvidaba, esta isla fue elegida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

      Muchas gracias a tod@s por leerme y comentarme.


      2 Responses to “屋久島 Una isla de cuento”

      1. Hola

        Queria preguntarte en que minshuku os alojasteis en Yakushima, es muy chulo y estoy buscando alojamiento en la isla para primeros de diciembre. Tambien si pudieras decirme el precio.

        Muchas gracias

      2. Marisol: Hola, en esta ocasión siento mucho no ser de ayuda pero no apunté el nombre del minshuku (y era un pack transporte + alojamiento) y han pasado ya más de 4 años. Lo siento mucho.

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