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Lost In Tokyo

15  02 2007

Viaje por la región de Chubu. Primer día: Nagano

Perdonad por la ausencia de posteo estos días pero ha venido a visitarme mi amiga Vanessa y no he tenido mucho tiempo para dedicarle al blog. Ella vive actualmente en China donde es profesora de español y, aprovechando que tenía vacaciones de Año Nuevo, se ha acercado a verme y a conocer Japón. Y su estancia ha coincidido con un puente del que hemos disfrutado en Japón por lo que hemos podido hacer juntas un viaje de tres días (luego ella sigue ruta hacia Kyoto y otras ciudades del Sur). Hemos optado por visitar algunos puntos de la región de Chubu, una zona no tan conocida como Kanto (donde se sitúa Tokyo o Nikko) o Kansai (donde está Kyoto) pero bastante interesante, especialmente para los amantes de la naturaleza pues hay numerosos parques naturales y cadenas montañosas como los llamados Alpes Japoneses. Los lugares más conocidos de Chubu son Nagano, famoso por sus pistas de esquí (por ello, realizaron allí unos juegos olímpicos de invierno) y Nagoya, de escaso interés turístico excepto por su castillo.

El sábado 10 de febrero, al salir del trabajo (a las 18:00 de la tarde) cogimos un shinkansen (tren bala) y, en poco más de dos horas, llegamos a la fría ciudad de Nagano. Allí teníamos reservado un hotel situado a 10 minutos de la estación andando y, también a 10 minutos del templo Zenkoji, principal atractivo turístico del lugar. Desmitificando la creencia de que Japón es caro, la habitación individual en este hotel costaba poco menos de 5000 yenes (unos 30 euros). Una habitación pequeña pero muy limpia, con televisión, yukata (bata para estar por casa), zapatillas, calentador de agua para preparar té, y baño con pequeña bañera (en el que además de las toallas, por supuesto, había cepillo de dientes, pasta dentífrica y secador):

El domingo 11 de febrero nos levantamos a las cinco y media de la mañana y salimos a la calle que nos recibió con una ligera lluvia de nieve.

Nuestra primera visita en Nagano fue al tempo Zenkoji, uno de los más importantes del país y destino de peregrinación de numerosos creyentes budistas. Este templo es, ya de por sí, bonito, pero con la nieve cayendo a su alrededor se envolvía de una atmósfera mágica. Como, al principio, no cuajó, no se puede percibir en las fotos la nieve cayendo, pero creo que podéis casi notar el frío que hacía. El templo está rodeado de pinos que refuerzan este aire invernal:


El pabellón principal:

Cuando la nieve empezó a cuajar, el tejado de los diferentes pabellones del templo se tiñó de un resplandeciente blanco:

De uno de los edificios adyacentes, salió un monje que llevaba por encima del hábito una especie de abrigo negro para protegerse del frío y de la nieve:

También vimos pasar a una comitiva de religiosos y, a su paso, algunos fieles se arrodillaban, y uno de los monjes los bendecía (o algo parecido, perdonad mi desconocimiento del budismo) tocándoles la cabeza con una tela:

Nagano es una ciudad rodeada de montañas que, en invierno se cubren de nieve (y por ello, suponen un reclamo muy importante para el turismo de esquí). Así, alrededor del templo, había numerosos montes blancos y en uno de ellos, destacaba el edificio de un templo semicubierto por la nieve:

Desde aquí, nos dirigimos a la estación de Nagano para, desde ese allí, coger un autobús hasta el parque natural de Jigokudani-Yaenkoen, situado en plenas montañas, poco antes del áreade esquí. El atractivo de este lugar reside en que hay cientos de monos salvajes fácilmente observables y que se bañan en algunos de los onsen naturales (aguas termales) que hay en la zona. El lugar es fácilmente accesible en autobús en más o menos una hora y media.

Tras bajar del autobús, aún hay un paseo de unos 40 minitos antes de llegar a la zona de observación de los monos. Al ser invierno, el recorrido estaba completamente cubierto de nieve. Ya en el inicio del camino, nos dejó impresionadas una serie de templitos (y algunos edificios tradicionales)totalmentebañados porla nieve, algo que yo sólo había visto en las películas. Realmente, hay que vivirlo, porque las fotos no le hacen justicia al paisaje:

E internado en el bosque, se encontraba un pequeño templo sintoísta con su correspondiente torii,también rodeados de nieve, con lo que la comunión con la naturaleza era total (algo que siempre busca el sintoísmo):

El camino hasta la entrada del parque es una verdadera delicia para los sentidos, especialmente, para todos aquellos amantes del invierno y de la nieve:

Al llegar a esta zonade la foto superior, hay que subir unas cuantas escaleras para llegar al punto de acceso donde se pueden observar los monos. Allí, hay que dejar toda la comida que se lleve encima en unas taquillas, para evitar el desagradable ataque de un mono, que se sienten especialmente atraídos hacia los alimentos que portamos los humanos para las excursionas.

Trasfranquear la entrada del parque, de pronto e inexplicablemente (puesto que no hay una separación física entre la anterior zona y ésta) aparecen ante nuestros ojos, muchísimos monos, la mayor parte de ellos agrupados en torno a los onsen:

Es fácil ver tanto monos grandes como crías y hasta alguno que parecía recién nacido:

A medida que se avanza por el camino, la observación es aún más directa y cercana, pues los monos no parecen tener ningún miedo a los humanos y saltan, corren y gritan entre ellos, sin ningún tipo de reparo. Por eso, pudimos tomar muchas fotos desde muy cerca. Además había muchos japoneses que parecían fotógrafos profesionales, pues estaban fotografiando a los monos con sofisticadas cámaras de grandes teleobjetivos:

Al principio algo tímidos, poco a poco, nos fueron mostrando también sus caras:

Y llega el momento del baño, aunque algunos se lo piensan un poquito antes de entrar, tal vez pensando en la salida porque, qué calentita debe de estar el agua pero ¿habéis pensado en la salida? Burrff, qué frío. Tal vez les echa para atrás:

Y ya sea entre la nieve o dentro del agua, los monos también saben divertirse:



 

Y también hay monos modelos, como éste:

 

O éstas dos:

A la salida del parque hay una zona acordonada donde hay un gran géiser de agua caliente a modo de una olla express. Para que podáis verlo os pongo una foto, y para que podáis oírlo y verlo en movimiento, un vídeo:

 

Después de casi una hora, decidimos salir del parque y emprender el camino de vuelta. Entonces, sacamos nuestra bolsa de comida de la taquilla y comenzamos a bajar. Nos extrañó que uno de los guardas del parque nos siguiera pero no le dimos mayor importancia. Tras habernos alejado unos 200 metros, de repente, el guarda grita a nuestra espalda y espanta a un mono que estaba a punto de atacar nuestra bolsa de frutas, ya que se había sentido atraído por su olor. Por lo visto, normalmente, no salen de la zona donde se paga, pues los tienen controlados de algún modo, pero éste, a punto estuvo de darnos un buen susto. A partir de ese punto, el guarda se retiró y no tuvimos ninguna sorpresa más.

La gente de esta zona era realmente agradable y acogedora pues al volver, entramos en una gasolinera que estaba enfrente de nuestra parada de autobús (situada en una carretera) para ir al baño. Allí, la empleada comenzó a hablar con nosotras y nos ofreció una taza de té a cada una (lo que nos vino francamente bien, pues hacía mucho frío) y osembe. Así, pudimos esperar el autobús refugiadas del frío y con una buena conversación.


2 Responses to “Viaje por la región de Chubu. Primer día: Nagano”

  1. Woooauuuu… es una pena que las imágenes no logren captar todo aquello que se vive en el momento.

  2. Ivan: Es verdad

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